Sinceramiento

Jueves, 23 de Octubre de 2014 00:00 Oscar Salas ECLÉCTICA - El Espectador
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Sinceramiento

El Trampas se mató a 180 (km/hr) en la autopista a Puebla, casi llega en la Kawa recién comprada. Llevaba cuentas importantes como asociado de un bureau contable internacional. Su mujer estaba en el primer embarazo; que la hospitalizaron después de que lo reconoció. Salió una esquela por la muerte del Zorri. ¿De qué murió? Se terminó de pudrir. No seas ojete. Pues quién sabe, acuérdate que nadie se juntaba con él. A ver quién le pone otra tunda al Willie ahora que trae casi dos sólidos metros después de darle al basket en una universidad gringa, de donde salió ingeniero mecánico automotriz aprovechando su bilingüismo. Aquí no pasó del 1.70, y si acaso lo metían en las últimas jugadas del último cuarto, con los novatos dizque cubriéndolo de los tackles que le llegaban rabiosos por desquitar las palizas. 

dollar1Quique, más bonito que su chulísima madre, quería ser ginecólogo para meter mano con todas… las de la ley, parece drenado por toda la psiquiatría que le ha sido consultada. El Harinero, más que dueño del molino familiar, parece el catador de cada costal. Ninguna reminiscencia de aquella saeta que volaba con el balón pegado a la banda derecha, con la melena flotando, para ponerlo en el área grande como quien atinaba a una diana. Con la frente hasta la nuca, adivinando desde sus fondos de botella únicamente a quienes se acercan a la mesa, alejada por vientre, que comparte con otros afines a la Fundación Mundet o al Casino Español. El Gordo Hernández, ahora macizo y garboso, luce abultado bigote que techa una armoniosa y reluciente sonrisa. Los plateados cabellos perfectamente peinados hacia atrás, parecen cerdas de cepillo sin usar. Muy seguro de sí con sus modales atildados. Su brillantez morena parece bronceada. 

dollar2 El Tocayo, para otros Beto, que no soltaba las aventuras del pirata Sandokan ni para sacar los tiros de esquina, instalado en la burocracia magisterial, tras la jubilación de su madre, no encuentra eco para conversar de novelas, o siquiera de chismes acerca de escritores, de los leídos y también de los engreídos.

Wawito, guitarrista de una sola pieza –Plaza Washington-- con la acústica. Le desconectaban el bajo y lo cubrían con la batería porque no sacaba ni la secuencia de tres pisadas. Se presenta como empresario inmobiliario, vendiendo condominios horizontales proyectados por él y construidos a través de su empresa.

Morita acapara risas y carcajadas soltando chistes y bromas cual rocola. Ya anduvo en Noruega especializándose, como químico, en la manufactura de papel. 

Pepe, que siempre animó la ‘ley del cuarto’ para retirarnos del salón; le hacía plática a los maestros en los pasillos para retrasarlos; propugnaba el ocho para todos o animaba los trabajos en equipo en lugar de exámenes comprometiéndose a las encuadernaciones gratuitas, avisa desde su 1.90, en el centro de ese salón de El Caballo Bayo, impecablemente trajeado, que precisa retirarse para acudir a una reunión de funcionarios. Muchos se arremolinan en torno al rumorado precandidato a la candidatura de jefe de gobierno. Obsequia sonrisas, reparte apretones de manos sin dejar de acercarse a la salida; ha quedado en la historia su golpe antirreglamentario como tackle ofensivo. Dispone que le manden la cuenta total a su oficina en el partido.

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Con One million dollar (Arañando la pachocha) el grupo X Teatro nos propone el enésimo reencuentro de antiguos condiscípulos. Estos que acuden a una misteriosa cita, en una habitación del Mundo Hobbit Palace Hilton, se presentan como si no se conocieran sus pasados, como si no hubieran vivido juntos un pasado. Los tres concitados acuden cargados de apariencias, de aspiraciones irrealizadas, quizá ya eran irrealizables al nacer, y hasta frustradas. Hay un albacea que los pone a prueba y quien finalmente los lleva a poner sus trapitos al sol. Pero en este personaje legaloide hay una vuelta de tuerca y revelación final más o menos sorprendente. En la historia del teatro existen ene comedias donde el personaje que tiene los hilos que mueve a los otros tres, o cuatro, o cinco tiene incumbencia en la trama que concita a los manipulados. dollar4

Los tres personajes de One million dollar acuden a la cita anónima, o casi, pues hay un firmante que les es desconocido, llevados por la codicia y la ambición de enriquecimiento fácil o fortuito. Cada uno desconoce quiénes y cuántos acudirán a la cita. Con sus respectivos arribos van cayendo en la cuenta de ser antiguos condiscípulos. Por fin la convocación tiene cara con la llegada del albacea que los pone a prueba: ¿Quién fue el mejor amigo de quien le ha dejado un millón de dólares? Empieza el duelo de cualidades y virtudes en sus falsas cercanías, muy sentidas con quien ‘ha fallecido’. La falsedad ha empezado desde antes de la aparición del albacea, presentándose con éxitos y transformaciones de saliva. Hay un comerciante, un industrial, y un pensador cuyas fachadas se desmoronan cuando pasan por un ‘detector de mentiras’ sui generis: un empedamiento a fondo. Los tres le hicieron la vida pesada, o por lo menos nunca le hicieron el menor caso, al queridísimo compañero millonario.

Con muy buen tino la carga cómica la lleva Carlos Rocha con su personaje autoctonizado y enyerbado que ha cambiado su original nombre gringo por otro náhuatl, reasumiendo renegadamente el primero pues con él aparece en el documento que promete el cuantioso legado. Completan el relajiento trío un amanerado aficionado a delicadas exquisiteces que finalmente no es dueño ni de la ropa que lleva puesta y un bronco arrancherado sometido al control de su domadora doméstica que a veces saca ‘pa’l chivo’ acomodando vehículos en un changarro donde reparan coches. 

dollar5La herencia de One million dollar ha sido una estratagema del solitario sin amigos para volver a ver a sus condiscípulos. El albacea se descara y los cuatro antiguos compañeros, como en travesuras de antaño, pegan carrera al grito de ¡El último paga! porque ninguno, ni juntos, tiene un millón de maravadies para solventar el consumo ni los destrozos que han hecho en la habitación del Mundo Hobbit Hilton Palace, o sea, el recirculado espacio alternativo, a media escalera a la derecha, en la Casa de la Cultura ‘Dr. Ignacio Mena Rosales’ dado que La Caverna está siendo reparada de los desperfectos pluviales sufridos, y donde estos farsantes sincerados etílicamente podrían brincar y darse de cojinazos a todo vuelo sin golpear el techo.

 

One million dollar / ¿dónde? Casa de la Cultura "Dr. Ignacio Mena Rosales", 5 de mayo #40, Centro Histórico de Querétaro / ¿cuándo? viernes / ¿a qué hora? 20:00 horas

 

 

 

 

 

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