Políticamente teatral

Jueves, 13 de Noviembre de 2014 00:00 Oscar Salas ECLÉCTICA - El Espectador
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Políticamente teatral

diputado1La inmediatez y la velocidad de las redes sociales y otros recursos informáticos resultan insuficientes para denostar a los personajes que se desempeñan en la administración pública mexicana. Sus desatinos y dislates siempre llevan la delantera. Tomar sus declaraciones en sentido inverso es acierto seguro en altísimo porcentaje, tan elevado como el de la inmunidad de la que gozan los criminales de toda laya, con partido o sin él. 

diputado2Aunque parecen no escasear en la globalización contemporánea. Sin embargo en otros lares los correspondientes secretarios o ministros y directores muestran cierta dignidad, estima de sí mismos, al distanciarse del ejecutivo o presidente con el surgimiento de claras discrepancias o discordancias. El ejemplo más reciente de la porosidad mexicana por parte de los correspondientes personajes públicos, al momento de pergeñar estas líneas --noviembre 9--, está en la revocación de la licitación para construir la conexión ferroviaria entre la capital federal con la del estado de Querétaro. Sus maleables convicciones y decires, muy ricos en efemeridad, desbordan la parodia del histrión más perspicaz e ingenioso. Así, el empeño en crucificarlos siquiera en la pantalla y el escenario, o al menos recrearlos, resulta esfuerzo casi vano. Salvada esta obviedad ¿tiene algún caso El diputado, del dramaturgo juarense Edeberto Galindo? 

Con tal lastre invalidante mayor resulta el acierto de Avatares, Compañía Teatral convenciéndonos de la autenticidad escénica de sus personajes, hasta se antojan vivos fuera del foro, particularmente la pareja sentimental, aunque nunca se tocan, ni siquiera se hablan. Su supuesto entendimiento detona la trama vivida en el auditorio del Museo de la Ciudad de Querétaro. En ella ponemos especial atención en la bar-tender por graciosa, simpática y bella. Tales cualidades le facilitan el desparpajo y la desinhibición para salir adelante en el mercado del cariño. En el diputado secuestrado por su reducción al más absoluto sometimiento y dependencia. Su ingenuidad galante muy bien retratada en la carcajada del secuestrador, empleado eventual de cualquier chamba. Por representar un magnífico retrato del representante popular ajeno a la realidad de aquellos a quienes supuestamente representa, y del entorno en el que transcurre su agobiante e impredecible cotidianidad. Además de la supina ignorancia, en este caso del secuestrador, síntesis de Juan Pueblo, acerca de la funcionalidad política y social del susodicho representante.diputado3

diputado4Una de las atracciones de El diputado reside en que el personaje del título no es el protagónico, lo es el perdedor, el secuestrador. Pero lo es no por el maniqueo triunfo del bien, que por lo menos en la irrealidad del escenario el mal salga apaleado. El secuestrador es un perdedor porque ¡no sabe secuestrar!, carece de la estructura mental y anímica para proceder sin escrúpulos. Su condición socio económica es tan común y corriente que ésta no lo retrata como perdedor: sobrevive al día sin posibilidades ciertas de algún ingreso y agobiado por las deudas y la precariedad. Dicho de otra manera: entre tan generalizada precariedad, un precario más no pinta, aunque ojeroso de hambre y apremios aparezca en el escenario. La búsqueda del secuestrado permite a sus cercanos conocer, con sorpresa y asombro hilarantes, que El Chucky tiene nombre y apellido. También lleva a cuestas el escarnio de sus allegados juveniles con el apodo de El Guapo, que revive en el tratamiento que lleva a cabo con su secuestrado. 

Al final, este desecho social tiene una reacción que resulta una vuelta de tuerca en el transcurrir de la trama: asqueado por la maraña del sistema, del establishment, cuya inmundicia moral carcome más que el abatimiento económico y familiar, deja en libertad al secuestrado sin ningún rescate. Nada tiene salvación. No es gratuito que se encuentren en un rincón del desagüe, con previo desplazamiento de las ratas originales, escurriéndose en la inmundicia. Cada quien en su ámbito es escoria. Incluso en el bar no escapan de la misma condición, pero con justificación y autorización comercial. Dada la disfuncionalidad sistémica del secuestrador, finalmente es extirpado por los esbirros del caso. ¿De parte de quién? ¿De cuál mafia; la formal o la de facto? Por su eficacia ¿cuál es la diferencia? Estos y otros cuestionamientos están reforzados, ilustrados y recreados con una producción videográfica descarnada, y hasta convenientemente insultante. ¿No está acaso en la provocación la posibilidad de una interlocución? diputado5

La chica del bar, en su despreocupada superficialidad, la lleva más segura: nuca le falta a quien atender, dentro o fuera del establecimiento. Incluso aprovecha sus cinco minutos de fama al ser interrogada por cuestionadores oficiales y oficiosos. A estos más les interesa su presencia declarante que su declaración, y ella bien toma nota de las circunstancias. El amanerado atenderá seguramente a quienes prefieran atenciones diferentes. Al fin que salero y animosidad le sobran, aunque con el cotilleo mucho se contenta.
Redondea y complementa la descripción del contexto social la explotación laboral a través de la transportación y acarreo de mercancía, con la insinuación del encubrimiento de operaciones con otras mercancías de circulación marginal y subterránea. El subterfugio para males y peores propósitos: inventariar de menos para obtener un ingreso extraordinario con el excedente falso; transportar una mercancía ilícita. Como chofer-machetero El Chucky no parece enterado del papel que juega, y se antojaría de más en los dilemas y angustias que ya vive. Pero entonces ¿cómo darle entrada al almacenista-despachador? Este personaje es necesario para sacarle a alguien la sopa científicamente con descargas eléctricas en la búsqueda del secuestrado. Esta búsqueda atolondra al secuestrador y precipita sus decisiones y desempeño. diputado6

A la devoción mariana, sin consecuencias, no le encontré caso o motivación. Menos a la imagen promocional de unos cimbreantes muslos femeninos, sediciosamente bronceados, cruzados a la altura de las rodillas con una contrastante mariposa blanca en su debido lugar.
En las palabras del diputado sí hay salvación. Pero ¿sólo en las palabras? Con la posibilidad del cuestionamiento ¿salvaría El diputado a los diputados? ¿Quién es el histrión, quién es el farsante? ¿Qué mentiras funcionan mejor para un mayor número de personas? Porque los necesitados sí son una realidad. ¡Qué viva Dionisos!, quizá remataría el maestro Javier Velázquez Jiménez http://www.raza.com.mx/eclectica/el-espectador/750-polifonia-amorotica.

“El diputado”. Museo de la Ciudad de Querétaro, V. Guerrero #27, Centro Histórico. Viernes y sábados, 20:30 horas. (Adolescentes y adultos).

 

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