Triptico Zermeño

Jueves, 20 de Noviembre de 2014 00:00 Oscar Salas ECLÉCTICA - El Espectador
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Triptico Zermeño

Una novia, una puta, y una embarazada no las he conocido como una saga teatral, si acaso la habría al remitirnos a una dramaturga, una productora, una directora escénica y una actriz: Jéssica Zermeño. Desconozco si fueron concebidas seriadas pero no se antoja imposible seriarlas, incluso revirtiendo el orden en una especie de enorme flash back. En la cartelera las conocimos como: Sí, acepto, La loba, y A la madre.

triptico1Llevados por la envidia ante la concentración de tantas cualidades: belleza, simpatía, inteligencia, éxito, este tour de force monologuista podría acusarse de un súmmum narcisista. Lo que no dejaría de constituir una sólida reafirmación: ¿cómo podría una artista serlo sin narcisismo? El acierto está en el manejo del mismo. Viene al caso un atemperamiento de tal monologuismo. Entiendo por monólogo la interlocución con uno mismo. En ninguna de estas tres obras lo hay. 
En este posible tríptico, porque incluso estas obras ya fueron presentadas dentro de un programa de despedida en funciones con intervalos semanales, es una constante la interlocución con por lo menos un personaje imaginario muy visible por la dirección de las expresiones verbales, y también con la atinada ruptura de la cuarta pared logrando la intervención de los espectadores, por lo menos levantando la mano según la pregunta o requerimiento. Con esta última acción logra la personaje la identificación de los asistentes con la trama, incluso tomando partido. Así logra la intérprete un mayor divertimiento de los espectadores, los activos y los pasivos. El riesgo escénico es grande y hasta peligroso, pues no faltan quienes le dan alas a su ingenio y picardía, exigiendo perspicacia inmediata en el dominio del escenario y del espectáculo.

triptico2El predominio masculino en la interlocución imaginaria no es verificable porque los textos de la autora no están publicados, al menos los aludidos. Entiendo que guarda cierto celo supersticioso. ¿Qué ejercicio artístico está exento de esta propensión? 

Con la diferenciación entre monólogo y trabajo unipersonal persistiría el narcisismo que sería muy contradictorio por el escarnecimiento de la novia. Tan linda, tan ilusionada, tan deseosa y juiciosamente decidida a volcarse amorosamente, tanto que la vemos disfrazada de novia, porque en realidad no tiene compañero para llegar al altar. No es difícil, como espectador, no sufrir al no verla amada. Su candoroso humor e ironías también nos hacen reír y tomar partido por su buenaventura. En esta impuesta u obligada intimidad queretana de ‘pueblo-chico-infierno-grande’ cuánta autobiografía no podría uno ver traslucida.

Jéssica Zermeño se despoja de la dulzura de la novia y adopta el desparpajo de La loba, para muy bien ataviada con sus encantos, atender la imaginería erótica y los caprichos copulares de su cliente en ciernes, convenidos los emolumentos según su tarifa. El desparpajo es reafirmado y complementado con un acento un tanto de golfa más o menos corriente combinado con un tonito pirrurris. Lo primero vendría a quedar subsanado con el buen cuerpo exprofesamente procurado, y lo segundo con un oropel adoptado como elegancia o actualidad fashion, seleccionada en locales exclusivos del centro comercial La Croix, por ejemplo. En resumen, para el riatazo primero el gatazo. triptico3

triptico4Va La Loba presurosa y muy quitada de la pena, en primerísimo lugar, cuando se queda atrapada en el ascensor que debería llevarla adonde ha sido solicitada. Durante su encierro conocemos las peripecias y los gajes de su ocupación, de las chusqueces superadas, dejándonos con las ganas de conocer más de aquellas en que ha quedado atrapada, aunque por supuesto nos cuenteara con su sabrosa picaresca. Esta vez el interlocutor que nunca vemos, lo conocemos auditivamente por su voz en off, localizable mediante uno de los botones del ascensor. Por supuesto las infidelidades, durante las interpretaciones de placer, las toma bajo secrecía juramentada… fuera de la tarifa. La loba no escamotea su sapiencia profesional, sin tarifa de por medio, pero tampoco con lecciones, asesora a quienes pudieran considerarse robadas o competidas con sus servicios, detallándoles secretos en las artes de la sensualidad y la seducción, y las prácticas de la lucha cuerpo a cuerpo a las atentas espectadoras. Desvirtuando la posible competencia como adiestramiento en beneficio de las denunciantes o reclamadoras. 
En plena función La loba podría vender cachababas. Con el episodio de la enfermera largamente atrapada en el elevador esta fiera habría cumplido a plenitud, pero tras el intermedio regresa con otros pormenores en la preparación y administración de sus servicios. La maratónica gracia de Jéssica Zermeño no decae, pero la segunda parte resulta prescindible, o continuable en una saga equivalente a Vuelve la loba, o algo similar.

triptico5La carga exclamatoria de A la madre mucho minimiza la admiración y el agradecimiento que va como dedicatoria. Esta obra nos plantea la maternidad desde que es decidida, deseada y discutida hasta caer en la cuenta, por la propia experiencia, de cuanto amor hemos recibido de la propia madre , de su dedicación y su sacrificio sin límites a cambio de nada, si acaso el advertir tal desprendimiento. En resumen, finalmente la valoración de los propios padres al encontrarse en el ejercicio de la maternidad y la paternidad. La futura mamá, acorde con su carácter abierto, francote, sin penas para que la ignorancia y la inexperiencia hagan su labor formativa a punta de descubrimientos y frentazos, pues tiene un acento norteño, ¿o qué hay otro que mejor venga?

triptico6Esta vez pierde uno la cuenta de los interlocutores que nunca vemos: el marido, el ginecólogo, el entrenador para el parto, el pediatra, algún dependiente o guardián del orden, y las amigas y parientes que le ofrecen ene cantidad de consejos además de supersticiones, dudas y temores, circunstancias todas de las cuales la autora concatena situaciones cómicas y contradictorias sin que su abdomen deje de crecer hasta convertirse en el bodoque látigo de sus sueños, habiendo pasado por la argumentación más imaginativa para darle un nombre. Para enriquecer el humor de esta variedad, la embarazada debutante es una conductora muy despistada, al punto de no advertir la salida en pijama al supermercado, sin comprender la fijación de tantas miradas. Cuando la primeriza en todo se dirige A la madre en un acto de comprensión, identificación y agradecimiento por el descubrimiento de vida que ha experimentado en el reciente año, la vuelta de tuerca a la diversión impone un silencio absoluto, interrumpido por dejos de sollozo. 

Seguramente cuando Jéssica Zermeño ponga estos personajes en otras actrices sentará muy bien en el banquillo del enjuiciamiento la percepción narcisista, muy comprensible cuando se trabaja tanto y tan bien. Esa novia, esa puta y esa embarazada han ganado con muy alta aprobación su permanencia en el escenario.

 

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