Temporada en marcha

Jueves, 20 de Agosto de 2015 00:00 Oscar Salas ECLÉCTICA - El Espectador
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Temporada en marcha

Desde finales de julio empezó la segunda temporada 2015 de Arteatral, Compañía Universitaria de Teatro, que alcanzará a enero de 2016, en el Teatro de Cámara y en el auditorio ‘Esperanza Cabrera’. Cada escenario con dos montajes semanales. De estas cuatro puestas en escena he presenciado el par ofrecido actualmente en el espacio apodado El Jacalón.

temporada1“Molière y Magdalena”, de Franco Vega, desde su estreno en el teatrino del Mesón de los Cómicos de la Legua, el 7 de noviembre de 2013, ha sido un montaje que me ha parecido muy acertado, amén de la identificación y comunión artística y escénica que llevan a cabo María Guadalupe Pizano López y Víctor Eduardo Sasia Farías, con su muy convincente y creativa capacidad histriónica, está la imaginación del mismo actor en la dirección escénica. En un santiamén el dramaturgo nos da en un trazo la doble vida de un par de enamorados, que en sí es a su vez otra historia, romántica y fragorosa, de amor. Vemos a la pareja que se ama por la única razón válida y contundente en el amor: porque sí. Además se aman como artistas y al luchar por su convicción se aman más, hasta la consumación total de toda su energía, entregada y vaciada para y por el teatro: el poder insolente y jubiloso de la acción en la palabra. Touché! 

En la amplitud comparativa de El Jacalón, la extensión de la miseria de los histriones representados crece, pero más el vuelo de los que les dan vida. Una farsa deliciosa por la historia que narra y tanto o más por la que vive.

temporada2Los tres últimos días de la semana, en el mismo espacio, son ocupados con “De mente”, de Mariana V. Omaña. Con la coreografía de Vázquez Omaña hace el primer acto de presencia la danza contemporánea en la segunda temporada 2015 de Arteatral, y quizá lo haga de una manera un tanto difícil o complicada: con un mínimo escenográfico muy cercano a la caja vacía y prescindiendo del lucimiento técnico casi tanto como el del vestuario y del maquillaje. Se diría que los cinco bailarines llegan de la calle, a cara limpia, a trabajar. Si la danza contemporánea no tuviera tan poco público actualmente en Querétaro, lo antes descrito estaría muy próximo a la irrelevancia, pero los espectadores de esta expresión artística son más bien seguidores de nombres de grupos, coreógrafos y bailarines que de cada especialidad sobran dedos de una mano para contarlos, aunque poca cosa no han hecho para ganar su fidelidad y admiración.

A Mariana Vázquez Omaña es la segunda vez que la veo en este lustro y apostaría que nadie recuerda, no obstante la exquisitez de su actuación, haber visto su actuación de los días 14, 15 y 16 de julio de 2011 con el grupo Las Pléyades, fundado y dirigido por el coreógrafo y bailarín Luis Arreguín.

temporada3Ha sido muy valiente al apostar una temporada a un único montaje: “De mente”. Al margen del juego con la ambivalencia ortográfica un tanto recurrido, y por tanto desgastado, el arranque lo hace con un poema-reflexión transmitido con una voz femenina. Digamos que interpósita voz se trata de la autora. La voz llega con volumen adecuado y no tiene un timbre desagradable, pero las palabras esa mujer las dice, no declama, no le pasa nada con las palabras emitidas: ¿se alegra, se entristece, se asombra, reclama, se inconforma…?, consecuentemente no se puede esperar que a los espectadores nos haga sentir algo, a no ser preguntarnos ¿cuándo empieza la función, cuándo empieza la danza? Terminadas las palabras viene una propuesta plástica muy fuerte, casi desquiciante que lleva a un cuestionamiento harto agudo: ¿es lo mismo estar ciego que no tener ojos? En la primera situación hay una carencia o deficiencia, en la segunda se trataría de un diseño humano ¿humanoide? diferente. 

A pesar de la aspereza, la rudeza de las relaciones que propone la trama, su desarrollo apenas por dos o tres momentos regresa a la intensidad inicial, con un final contenido en la creadora. El artista-creador como continente de lo creado, con un aire onírico o de fluir endógeno. Recurso no poco frecuentado.

Esa descarnada agresividad inicial merecía al final una dosis de alteración o contundencia, algo para desajustarlo a uno en la butaca tanto como el ¡gulp! ante esos rostros no-rostros; dejando abierto dónde quede el continente de lo sucedido escénicamente, sin descartar al espectador. Se advierte esmero en el trazo; disciplina, aplicación y asunción temática que transmiten fuerza y obstinado convencimiento, luego entonces hay recursos para que “De mente” crezca.

 

 

 

 

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