“Aletheia sigue”, Bárbara Alvarado

Viernes, 27 de Mayo de 2016 00:00 Oscar Salas ECLÉCTICA - El Espectador
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“Aletheia sigue”, Bárbara Alvarado

No presté atención al título del trabajo, era una invitación de la coreógrafa Bárbara Alvarado y seguramente valdría la pena conocer lo que se dispusiera a ofrecer al público. Poco ruido, pero algo, me hizo la nula alusión a Aletheia, Cuerpo escénico de México, la compañía fundada en 2007 por la bailarina graduada como ejecutante por la Escuela Nacional de Danza Contemporánea, a raíz del telón bajado para siempre por la maestra Guillermina Bravo del Ballet Nacional de México, en junio de 2006.

barbara1Muy pronto como estudiante, en el Colegio Nacional de Danza Contemporánea, Bárbara Alvarado pisó fuerte el escenario con su creatividad coreográfica. Antes de obtener el premio nacional Miguel Covarrubias INBA-UAM 2005 con “Muerte suspendida” dando cuenta de la criminalidad callejera que incluyó el comercio con sustancias ilícitas, abrió surco, según mi preferencia, con “Porque te tengo y No”, que mucho pudo ser rebatida como una propuesta contradancística pero que estaba cargada de frescura, alegría y celebración; “El juego” precisamente el de las sillas plena de malicia lúdica, mucho color y enjundiosa picardía; después presentó una ruptura con todo su propio precedente creando “Alicias expulsadas al paraíso de las fantasías”, una composición orquestando un considerable número de bailarines, como nunca lo había hecho hasta entonces incluyendo protagónicamente al coro, una trama de cimas y simas con final irremediablemente desgraciado, con momentos técnicamente fulgurantes de absoluta significación temática, o sea, no se trató de rupturas para el preciosismo. Una composición verdaderamente de época y para repertorio con una exigencia que ahora resulta un inconveniente para Epicentro, el ensamble artístico representativo del CNDC: son necesarias tres parejas mixtas con una solvencia técnica de primera línea y un par de intérpretes con una presencia capaz de concitar la atención del espectador apenas con un ademán. 

barbara2Alvarado volvió a su precedente gracioso y juguetón, sin dejar de lado la trayectoria rupturista con “Perhaps, perhaps… quizás!” dándole una trompetilla a la solemnidad y al acartonamiento de los cánones en un gozoso y travieso pis-pas. Así la vi llegar al punto final de un periodo al que no se le veía término en su capacidad para sorprender haciendo del escenario una fiesta. Lo que conocí durante una década fue poco pues empezó por aburrirme y terminó por decepcionarme aquello que aparecía etiquetado como ‘work in process’. Periodo que felizmente se vio interrumpido y atravesado por Aletheia. Hubo una muy afortunada interrupción en tal línea con “Entreyo” que aunque la autoría ha quedado compartida con David Barrón, prefigurando la exteriorización mediante la danza de la interioridad individual, un fluir conflictuado de conciencia mediante el movimiento corporizado dancísticamente. Siete años después, en 2015 esta capacidad de ahondamiento y construcción desde la interioridad del intérprete volvió a la luz con “Rota”, composición para la graduación de la bailarina Citlali Barona. Una rotura era clara y lógica: la ejecutante dejaba de ser estudiante, pasaba a ser profesional, la novatez ya no justificaría las pifias; eres o no-eres. Ese y mayores trances de dubitación en quien al término de esa danza quedaba simple y llanamente a expensas de su íntima convicción en sus capacidades y anhelos nos fueron presentados con “Rota”: verdaderamente sublime y conmovedor.

barbara3De las coreografías presentadas por Aletheia, ya firmadas por B. Alvarado ya por Ricardo Flores, caprichosamente contemplo un primer periodo con la presentación de “Malditos benditos” y la terminación del mismo con la celebración de su quinto aniversario en el Teatro de la Ciudad, quinquenio del que excluyo “Al otro lado de mí”. Ese arbitrario primer periodo lo vi y lo recuerdo cuajado de plasticidad, de preciosismo técnico, de diversidad en la riqueza artística, concreción temática, atrevimiento creativo, exploración estética. Constatada en numerosos trabajos de los cuales quedan en mi preferencia: “El bar” con aquel magnífico trabajo escenográfico de Raúl Almeida, “El sueño confuso de Venus” , un intenso unipersonal interpretado por la bailarina, “Ácido noche azul”, dos solistas sensacionales --Irma Monterrubio y Mario Tecla-- desaprovechados para desdicha de la danza mexicana, particularmente ella; “Los nadie”, qué demostración de que la veteranía también baila y pesa en el escenario por parte de Sergio Pérez, “¿Qué color tiene el amor?”, cuánto le escenografía tiene valor protagónico en la significación temática, “Caminantes del polvo blanco”, siempre en creciente superación interpretativa la infamia escénica bien competía con la cotidiana, “Si sigues la tortuga, se vuela”, un toma y daca amoroso donde solo se puede apostar por los dos porque queremos el triunfo del amor, “Cría cuervos” donde mucho se antoja sacarle los ojos al cuervo y celebrarlas a ellas si en realidad sobreviven el deterioro existencial, “Sol a ciegas” que creció muy bien desde “Sol y sombra” traslada con acierto la lucha en la arena del redondel a la coexistencia deseada y/o aceptada macho-hembra, hombre-mujer en un sometimiento-rendición, “La Ciudad de los Palacios”, una irónica y ácida celebración de las lentejuelas de la ciudad de México, entidad natal de la creadora, y “Blanco, rojo, violeta” una obra segmentada cuyas partes remiten a un origen, a un desprendimiento del mismo y al tránsito recorrido funcionando cada etapa por si misma no dándose la condición tríptica con una proyección de la brillantez solista absorbente y subyugante. 

¿Cuánto de todo esto fue posible por el respaldado institucional? No lo sé. Después ¿qué fue causa y qué efecto? Tampoco lo sé, pero que todo aquello desapareció me parece totalmente palmario. Entre mi ignorancia y mi olvido el nombre de Aletheia dejó de sonar, si acaso en la síntesis informativa que ha acompañado a Bárbara Alvarado.

barbara4“La malcontenta” la conocí en un conjunto de espacios alternativos del escénicamente explotadísimo Museo de la Ciudad, oficialmente llevan el nombre de Sala de arte religioso. Nunca la he visitado. Con anterioridad desconocía el aprovechamiento que de ella han hecho estos artistas del viernes 13 al domingo 22 de mayo: dos fines de semana. La intimidad coreográfica va de la mano con la informalidad en la apreciación del espectáculo. La taquilla es atendida casi sobre la hora. Tres espectadores son sacados a bailar pegaditos a las tres bailarinas tomados de las manos. Los espectadores pueden quedar instalados en banquitos, almohadones, o de pie. También pueden descalzarse. No pueden ocupar los sillones de las bailarinas. De un espacio al otro de las actuaciones pueden cargar el correspondiente banco o almohadón. Se pueden despedir de beso y abrazo de las bailarinas, intercambiando sudores. Copiosísimos los de ellas. Sustituí los desplazamientos con dos asistencias instalándome cada vez en dos espacios totalmente distintos.

barbara5Si antes Alvarado participó en la exteriorización de la interioridad de un bailarín en su condición de artista maduro, y después se ocupó de lo mismo pero en el caso de una persona totalmente en el extremo opuesto: mujer joven en el inicio de su carrera, en “La malcontenta” la personalidad abordada carece de las especificaciones tan acotadas que pudimos apreciar: la mujer y la posibilidad o no de a veces entenderla, siquiera un poco... por ella misma. Quizá sin proponérselo ni especificarlo Alvarado da por descontado que tal personaje es contradictoriamente multifacético, particularmente dos o tres décadas después de la adolescencia y con tales contradicciones particularmente pautadas por el amor en todas sus direcciones, o casi, pero principalmente el romántico o sentimental. Hay teatralidad, expresión oral, salpicada de humor con la espontanea respuesta de los espectadores. Prevalece la expresividad corporal con momentos de intensidad orgánica que proyectan diversas actitudes y emotividades más allá de la demostración técnica.

Se antoja como una pausa en esta trama de exteriorización cuando vemos el desempeño solista de Bárbara Alvarado con la presencia gráfica de la maestra emérita Guillermina Bravo. El ensamblaje musical coadyuva y respalda a esta exteriorización descriptiva y participativa de lo femenino. El arte digital no tiene igual aportación sino más bien de agradabilidad escenográfica al tiempo que contribuye en la dramatización de diversos pasajes, sin contrariar las locuras, los histerismos, y las intensidades de la ‘masa por la velocidad de la luz al cuadrado’.

Al término de la función –y la temporada-- del domingo 22 de mayo de 2016, no escuché ningún comentario ni pregunta al respecto pero Bárbara Alvarado, al agradecer la acogida y recepción del público, afirmó enfáticamente que ‘Aletheia sigue’ y avisó haber recibido una invitación para colaborar en México con el Centro para la Producción Dancística encabezado principalmente por el coreógrafo Marco Antonio Silva, también comunicó que no dejará de estar viniendo a Querétaro.

 

 

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