La legua danzando

Jueves, 04 de Agosto de 2016 00:00 Oscar Salas ECLÉCTICA - El Espectador
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La legua danzando

legua1Se han parado en el tapanco y al borde del precipicio. Los colores de los atardeceres han escenografiado sus representaciones realzándolas con fenómenos meteorológicos. Han sido recompensados entusiastamente con guisos de carne de coyote. De estas y otras andanzas y peripecias me enteré acompañando a Sergio Pérez Morales, Beatriz Juan-Gil y Raúl Almeida ‘Beto’ antiguos integrantes del Ballet Nacional de México, y también a Claudia Herrera, Ana Aboytes, Sarah Belmont, Harumi Morales y Tania Almazán bailarinas egresadas del Colegio Nacional de Danza Contemporánea en diferentes promociones salvo Belmont y Morales, sin descartar al imprescindible Alfredo Pérez. 

Esta troupe artística partió de Querétaro el miércoles 13 de julio, no tan temprano como era el propósito, mediante una transportación facilitada por el Instituto Queretano para la Cultura y las Artes, con destino a la capital del Festival Cervantino, y hacia una transformación en su vida legüera: por primera vez en tres años la compañía Cuando Muere el Sol actuaría en un teatro, el Cervantes y dentro del Ciclo de Danza Contemporánea, en un programa con otras cuatro compañías, ocupando respectivamente las fechas del 12 al 15 del séptimo mes del 2016, con los auspicios del Instituto Estatal de la Cultura del estado de Guanajuato.

legua2Del programa interpretado ante una sala ocupada en sus dos niveles por público local, nacional y extranjero conocía dos de las cuatro coreografías: “Crisálida” y “Fémina”, que a la postre resultaron las obras de menor alcance y repercusión, no obstante que en el foro del Museo de la Ciudad de Querétaro parecieron muy bien puestas y probadas. El escenario del Cervantes, si bien rectangular vertical tiende a cuadrado, el del foro queretano es exactamente al contrario. La aparición de la bailarina muy arriba, en la semioscuridad, con un leotardo oscuro poco hizo notar su presencia inicial plena de gracia juguetona; esta crisálida no salió de la opacidad, la brillantez de su vuelo fue breve y sin lucimiento. Quizá si el trazo se hubiera hecho más cerca del proscenio la conexión con los espectadores se habría dado. Para la segunda coreografía conocida el caso fue similar: el espacio pareció muy grande y/o la danza pequeñita. El cambio de vestuario a tono neutro y diseño severo para el personaje de la madre no resulta favorecedor. Tampoco vi el gesto informal, casi humorístico, de la anciana madre cuando va saliendo. En ese momento de vejez la madre tenía un desempeño simpático, haciendo humor con la corporeidad anciana; ahora vi la sugerencia de una situación doliente y decante, que resulta un remate obvio y triste, desilusionante y desesperanzador. 

legua3Atinadamente estos números ocupan los lugares segundo y tercero; abre y cierra muy bien “El bailarín y el universo” y “Viacrucis” tan solo atendiendo la respuesta de los espectadores. De la actuación solista del propio autor, Sergio Pérez Morales, había visto si acaso cinco minutos de actuación en el referido foro. Tan solo así “El bailarín y el universo” me pareció apenas ajustado a ese espacio. En el escenario del Cervantes pareció a la medida. El riesgo en la actuación es grandísimo, pues el atrezzo es una pelotota de pilates metida en una red, para no tomar a chunga el desempeño del bailarín y en cambio ver y disfrutar una danza. El intérprete tiene la fuerza y el poder para convocar y concentrar la atención del público con el transcurrir del universo en sus manos, más meritorio cuando poco o nada recurre a proezas técnicas de contorsiones y elevaciones. Mucho apoya este montaje la atinada aparente simplicidad de la iluminación de plástica brillantez. Hay una abarcabilidad espacial no lograda en ninguna de las otras tres coreografías. 

legua4“Viacrucis” nada más con el título es una coreografía que atrae identificación entre los espectadores imbuidos de catolicismo desde la concepción y a cada paso que dan por las calles de Guanajuato. La trama inicia con el abuso humillante del débil que exhibe, indefenso, los estragos del sufrimiento a manos del poderoso que se complace en el sojuzgamiento. Una situación lastimera fácilmente acogible. El mérito artístico está en la muy atinada construcción de los personajes con el vestuario preciso, sin excesos, y el lazo con el que se establece la correlación de fuerzas. Otra parte de esta construcción es dada con las debidas cualidades de personalidad: poder e impotencia física. El trazo está hecho paralelo al proscenio y el lazo permite ir abarcando el espacio para rematar este primer momento en el centro del escenario. Hay una carnalidad incitadora donde sobresale Magdalena primero con su desempeño provocativo y después como víctima rescatada por el redentor. El coro de cinco mujeres bien hace armónica multitud que proponen convenientemente un aquelarre. La sugerencia del semidesnudo colectivo está muy bien lograda mientras las bailarinas permanecen de espaldas. Dado el atinado diseño de los vestidos que muy sutilmente permite el descubrimiento y el cubrimiento de la mitad superior de los cuerpos, es posible suponer que en algún momento Cuando muere el sol considerará el abandono de la sugerencia. Éste es el momento dancístico más rico, particularmente por el trazo coral para el desarrollo de la trama y de contención emocional hacia la consabida culminación: el escarnio de la coronación y la ejecución mortal de Jesús de Nazaret. 

Melindrosamente el autor apunta a este personaje con el título de Protagonista. En una coreografía con semejante nombre ¿quién puede ser el personaje protagonista? La claridad de la narración, la agilidad dancística de su interpretación y desarrollo, la teatralidad de su culminación, con un ritmo de movimiento, de pausas y contenciones expectantes justificaron muy bien el prolongado y sonoro aplauso, y la búsqueda de los artistas cerrado el telón.

Aunque con dos de sus danzas Cuando muere el sol haya parecido extrañado en un teatro, con otras dos ha dejado muy buena constancia que en este momento tiene los crecientes méritos para continuar dentro de cualquier recinto artístico, incluso invitado con vales para dos comidas muy decentes como las brindadas por los anfitriones guanajuatenses; nada del asalto bufetero donde mejor come el tragón más veloz, y el caradura más desvergonzado sale con colación para el regreso.

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