Trilogía shakespearana contemporaneizada

Jueves, 29 de Septiembre de 2016 00:00 Oscar Salas ECLÉCTICA - El Espectador
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Trilogía shakespearana  contemporaneizada

trilogia1Contra mi política profesional de no ocuparme de las producciones escénicas no-queretanas, el viernes 23 de setiembre acudí al foro del Museo de la Ciudad para presenciar “Blackout”, del dramaturgo mexicano Jaime Chabaud, por parte del grupo potosino El Rinoceronte Enamorado, fundado por Jesús Coronado y dirigido conjuntamente con su hijo Edén. El desempeñó de los tres está ampliamente prestigiado en diversos temas concernientes al teatro. Me animó a esta contradicción la organización y manufactura en creciente superación por parte de Atabal Creación Artística, A. C. del evento creado por la actriz Ana Berta Cruces y que está cumpliendo su séptima edición: la Cruzada Central por el Teatro. Tan solo su proceder promocional, el diseño de su imagen corporativa y la correspondiente papelería denuncian competencia y profesionalismo. El argumento contundente ha sido la selección de los montajes queretanos invitados, siete en septiembre; de las calidades y cualidades de seis de ellos aquí he dado cuenta: una reseña, un comentario, una opinión, para el que no me convenció preferí el silencio.

trilogia2Pasaré por alto el titulito sajón que apenas se justificaría por la paráfrasis de la shakespeareana tragedia contenida en “El rey Lear”, que a su vez tiene por referente anónimo ‘La Historia del rey Leir’. Incluso la correspondiente traducción tiene mayor sonoridad que el vocablo inglés: apagón. Esta cualidad no es insignificante pues dos o tres veces está en los parlamentos de Lear, el protagónico. Cuando lo dice en inglés carece de congruencia con la trama. El conocimiento elemental de pollito chicken, gallina hen, no resuelve la ignorancia: black, negro, out fuera… ¿qué onda? Por fuerza se impone el diccionario. La fuerza escenográfica del trazo escénico captura visualmente desde antes de la tercera llamada. El piso habitualmente cacarizo, reminiscencia de la cancha deportiva que fue el foro, luce inmaculadamente liso; la caja negra la complementan dos paredes convergentes para hacer un aprovechamiento parcial del escenario, obligando el uso únicamente central del graderío; la pared del fondo sugiere un lujoso y/o elegante ventanal sobrio. El mobiliario dispuesto en diagonal de izquierda a derecha sugiere armonía geométrica: un sillón hasta abajo, por momentos en la oscuridad; una cama de hospital en el centro, eje del desarrollo interpretativo, además predominantemente blanca; arriba, en la esquina opuesta al sillón, un estante también blanco, donde está una jarra transparente con agua, vasos de cristal, medicinas, ropa de repuesto para la cama y el paciente; una sencilla silla de madera, blanca, tendrá diferentes acomodos alrededor de la cama. Toda esta precisión capta la visión y suscita la expectación. 

trilogia3Oscuro para que entren Lear y su enfermero/bufón. En la cama yace un anciano, no sabemos si fallece o ha concluido su existencia. Quizá lo aqueja un malestar y/o pesadillas, no sabemos si su existencia le resulta una pesadilla, si sobrelleva una gran pesadumbre o un dolor enajenante. Está enajenado, se le cruzan los tiempos propios de empresario, ahora decadente, y padre de tres hijas con los imaginariamente históricos pues pertenecen a un texto dramático que ha sobrevivido más de cuatro siglos desde la era isabelina. En esta amplitud temporal entran sucesivamente, tras los correspondientes oscuros, Gondril, Regan y Cordelia, que son el resumen de su fracaso como patriarca y el fin del imperio que levantó. Las dos primeras son un par de arpías que se disputan los postreros barruntos de lucidez en una senilidad que se disuelve en la dislocación de la congruencia intelectual y el dislate emocional. La mayor, con el carácter de mujer de negocios, desahoga una sed insaciable por el poder, diríase que a costa de la empresa misma si es necesario, sin importar que a cada paso en ascenso destruya un peldaño, como ahora lo hace con lo que queda de su padre mientras se empeñe en estorbarle el acaparamiento que se propone. La segunda es una golfa movida por el gozo y el placer; todo y todos, incluyendo obviamente al progenitor, están validados en función de su satisfacción, aunque yazca postrado, o en su defecto el enfermero. Lo que quede de riqueza lo busca para el consumo, por eso hurga en cualquier imaginable escondrijo la clave que resguarda aquello que ha escapado a su dilapidación. El último escondite que le queda por ahondar es la memoria y voluntad paterna. Finalmente llega Cordelia, la única con quien Lear se siente en deuda, por lo menos expresarle su ánimo de desagravio, reconocerse ante ella equivocado y arrepentido. La única que ha sabido crecer fuera del entorno construido y gobernado por el patriarca, declararse gratificada con sus logros sin estancarse en sus tropiezos, sin reclamos ni reproches incriminatorios. Identificándose con su padre por esta única razón, tal como ha sido, dueño de sus propias enmiendas. A ella da la última despedida, delante de él se retira apaciblemente de la vida aunque no se extingue. Oscuro final.

Al magnate la demencia senil no le ha alcanzado para dejar de constatar el derrumbe total, la inutilidad que ha sido su existencia, de cuanto sembró nada queda… ¿recoger el rastrojo? A la tragedia emocional con sus hijas nos toca ver la tragedia adicional de Lear: la conciencia de su propio desmoronamiento, la debacle de su inteligencia, de cómo y cuánto se va adentrando en la disolución de las tinieblas.

La paráfrasis de una tragedia dramatizada hace cuatro siglos está contemporaneizada muy atinadamente por El Rinoceronte Enamorado con la dirección escénica de Jesús Coronado y las interpretaciones de Alfonso Alba, Gabriela Betancourt y Eduardo López, quienes dejan una fuerte carga de emoción y dolor en el foro del Museo de la Ciudad de Querétaro.

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