Simpleza teatral y no tanto

Jueves, 20 de Febrero de 2014 00:00 Oscar Salas ECLÉCTICA - El Espectador
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Simpleza teatral y no tanto

simpleza1No es su mero mole, sino uno de sus moles más moles de los Cómicos de la Legua: el teatro clásico español. Han repuesto La fablilla del secreto bien guardado por enésima vez, y por igual repetición les ha quedado delicioso el programa que actualmente tienen en cartelera. Con cómicos vigentes y de larguísima trayectoria, reciclados como los cometas, y con renovaciones, no tanto, pues se trata de cómicos que empezaron a recorrer la legua en los repartos infantiles y juveniles. No por nada la compañía universitaria va por cincuenta y cinco años teatreando.

Primer grato impacto: nuevamente una dirección escénica de Roberto Servín Muñoz. Aunque la minimiza aduciendo el entusiasmo interpretativo del elenco, si acaso asume el acierto de su selección. Pero el ritmo, la dinámica, el tono, el equilibrio, la entrega colectiva son adjudicables a quien firma la dirección. A una experiencia exitosa sería aplicable la fórmula de atribuir los aciertos al reparto y las equivocaciones al director, pero cuando la cuenta de tinos crece y crece, no cabe la calidad del elenco como causal única, y solo queda la persona responsable de la dirección.

Nuevamente la muy entretenedora exuberancia fársica de Jaime Guerrero como Juanelo. Vaya la de conflictos aparejados al hallazgo de un tesoro, tantos que valdría pasar página sin darlo por logrado, a no ser que... Claro que la solución es más ingenua que ingeniosa, no por nada se trata de la rusticidad recreada por Alejandro Casona.  Laura Martínez no le va a la saga como Leonela, la tremebúndica y poderosa consorte. El muy grato momento sentimental lo constituye el regreso de Juan Carlos Águila como Bruno. La moraleja es muy aleccionadora, para apuntarla con mayúsculas una vez más: No hay secreto mejor guardado que el que nadie quiere creer.

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Igualmente entrañable Sancho Panza en la Ínsula Barataria. Infructífera la búsqueda de un personaje flojo, incluso los isleños, tan solo con su gestualidad, están acertados. Los reclamantes de justicia desbordan gracia y bufonería como si les fuera la vida en la causa que llevan ante el gobernante. Cuánto quisiera uno retener la practicidad justiciera de Sancho Panza nada más con el menos común de los sentidos: el sentido común. Cuánto anima a la revisión de las formas y las apariencias en favor de la autenticidad en los contenidos. 

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En este último sentido va la denuncia y la crítica de El Congreso Sexual, de Ödön von Hovárth por parte del grupo Arlechino, con la dirección escénica de Manuel Oropeza. Una farsa en cinco escenas que en esencia pone en tela de juicio la formalidad denunciante del comercio forzado conocido como ‘trata de blancas’, con muy pobres resultados a favor de las victimizadas. Aunque en realidad no escapan las mujeres de todos los grupos étnicos, sin diferencia de colores ni formas, y más bien hermanadas por la explotabilidad a la que se encuentran expuestas por la ignorancia, la impreparación laboral y productiva en una organización económica donde no tienen mejor acomodo que la comercialización de su utilidad sexual. Sin embargo el énfasis dramatúrgico está puesto en el engaño y el forzamiento que desemboca en una prostitución impuesta, y en beneficio de un intermediario o gestor.

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Otra parte de la denuncia en este congreso sexual está enderezada para señalar a quienes se benefician de aquello que presumen reprobar y combatir. No escapa de este congreso la prosperidad económica y el escalamiento social que logran quienes aciertan en la administración de sí mismas y en el reclutamiento de otras.

Siendo una trama gestada en París en años previos al encumbramiento del nazismo, M. Oropeza atina en su contemporización principalmente en el México del siglo XXI, aunque cansa el tonito barriobajero defeño de un personaje que no es propiamente ‘peladito’ ni lumpen. También provoca fastidio el repetitivo servicio del mesero, contribuyendo a una prolongación innecesaria de la representación, como también --¡caramba, cerca del final!-- es el caso del interrogatorio y participación de la prostituta en ciernes en El congreso sexual.  Incontables sus momentos estatuarios.

Felizmente hay una ruptura con la entrada de un  ‘espectador reclamante’ que renueva la reiterada línea que sigue la representación. Aunque este ‘espontaneo’ interrumpe y se mete a reclamar falta actuación por cumplir conforme a la oferta prometida en el programa de mano. Valdría la pena revisar cierta reiteración temática y algunos momentos discursivos posiblemente abreviables, si no es que prescindibles. En este sentido cuánto dice el personaje que interpreta José Enrique Landa Acosta con una mueca, una risilla incrédula o burlona, una mirada sesgada o de reojo, una vuelta del cuerpo, un encorvamiento, una reclinación, un modo desvergonzado para sentarse, etc.

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“Teatro Clásico Español” / Mesón de los Cómicos de la Legua. Guillermo Prieto #7, Centro Histórico de Querétaro / viernes y sábados hasta marzo 1 / 21:00 horas / para todo público / Tel: 212 49 11 y 212 43 63 / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra robots de spam. Necesita activar JavaScript para poder verla

 

“El Congreso Sexual” / Museo de la Ciudad. Guerrero ·27, Centro Histórico de Querétaro / viernes y sábados 20:30 horas / domingos 19:00 horas / cooperación voluntaria / adolescentes y adultos

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