Rupturas constructivas

Jueves, 09 de Febrero de 2017 00:00 Oscar Salas ECLÉCTICA - El Espectador
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Rupturas constructivas

Difícilmente buscaría un fontanero en una notaría, es más, si lo hiciera seguramente buscarían la manera de enfilarme hacia la salida, o mínimo me harían un respetuoso o extrañado vacío. A no ser enloquecido por el dolor, no me pondría en manos de un dentista que me recibiera en su consultorio ataviado con un leotardo ejercitándose en una pelota de ‘pilates’ al tiempo que sorbiera ruidosamente fideos ‘maruchan’. Las formalidades, las convenciones, los formalismos, las ritualidades cumplen cierta función de orden y comunicación. Todas estas condiciones y arreglos para los espectáculos resultan en espacios específicos, por ejemplo: estadios, rodeos, arenas, pistas, salas de proyección, etcétera, etcétera y… teatros. Acordes con los anteriores lugares existen atuendos e indumentarias específicas. rupturas1

Para tener presentes contundentemente estas congruencias recordaré, al vuelo, dos discrepancias, una particular y otra pública. Un aficionado al tenis se presentó calzando zapatillas de luchador, el rival se negó a jugar y el juez le adjudicó los puntos de vencedor, expulsando del torneo al estrafalario por desacato y… payaso; además sin derecho al reembolso de su cuota de inscripción. En el primer viaje trasatlántico que realizó Vicente Fox Quezada, chuscoso presidente mexicano, se presentó a la cena de gala, en la corte española, portando traje de etiqueta y luciendo una muy charra (en los dos sentidos: literal y figurado) hebilla de plata con las tres letrotas de su fantástico apellido cinematográfico; para no desentonar, sus botines vaqueros, por supuesto, eran de charol, y al fin y al cabo guanajuatense, diseñados y manufacturados, ‘i ‘iñor, en León, ¿dónde más?, puesn. Ninguna caricatura pudo superar semejante ridículo.

Así resulta que nos acostumbramos a presenciar las actuaciones de los artistas escénicos en un sitio denominado las más de las veces teatro. Cuando el sitio no lo es propiamente, sino que más bien ha sido habilitado con tales pretensiones, se recurre a una eufemística denominación: espacio alternativo, cuya frontera con la ingeniosa y esforzada improvisación suele desdibujarse.

En la capital queretana, con el vaciamiento habitacional del Centro Histórico, estos espacios cada vez son más variopintos, alcanzando hitos arquitectónicos que retan la más cimentada incredulidad. Dentro de estos recintos podemos encontrar establecidos tres espacios concretos: el ocupado por los artistas, el reservado (bueno así se dice) a los espectadores, y el correspondiente a quien se ocupa de los ruidos, incluyendo la música, y las luces, frecuentemente hecho nudo dentro del hueco más inimaginable. Para los dos primeros crece el empeño por entreverarlos: los resultados suelen ser sorpresivos y divertidos. Antes de hacer nada, los artistas acostumbran diferenciarse, o darse a notar como tales, por el arreglo y el vestuario. rupturas2 

Cuando este orden de espacios y personas es alterado, y prácticamente no sustituido, uno se distrae en la adaptación al desacomodo y se entretiene en el cuestionamiento de la alteración: ¿para qué descomponer lo que habitualmente funciona bien y sabemos manejar?
Esto y más sucede con el arranque de la primera temporada 2017 de Arteatral, Compañía Universitaria de Teatro, en El Jacalón, con un programa de danza contemporánea titulado descriptivamente “De la calle-EN MOVIMIENTO”, constituido por cinco coreografías. En la sala contigua al taller de escultura, los espectadores somos invitados a circundar el espacio donde actuarán los bailarines. No conociéndolos ignoramos que ya están entre el público. En algún momento es fácil temer que romperán la cuarta pared en el sentido literal del verbo: la invasión del espacio del espectador está muy expuesto a la agresión. ¿Qué no todo espectáculo implica una distancia? El viernes 3 de febrero la función empezó con “Forever for now” (Por/para siempre ahora. Me convence el oxímoron.), que junto con “Companio”, la penúltima danza, se antojan tratamientos de emociones íntimas, momentos de especial compenetración sentimental, situaciones para las cuales no se escogen los espacios públicos, mucho menos la calle. Por otra parte, la manera como ambas parejas utilizan el espacio, se antoja una opción o preferencia por el sufrimiento, o enfermiza, si la replicaran en el espacio urbano. Zanjada la posible discrepancia entre el título del programa con el espacio de actuación para las coreografías de Fernanda González y Pamela Platas, y del Colectivo ZaiNash, respectivamente, sería reclamable más trama o el subrayado de un momento culminante. rupturas3 

Ambos trabajos parecen tener resueltos sus prólogos, faltaría su desdoblamiento, que se hace muy deseable por las calidades de los prolegómenos. –Lo difícil es pasar de los primeros diez minutos--, me han dicho diferentes coreógrafos. No sé si sea un recurso muy manido, pero si incluyeran actuaciones solistas tendrían vuelo para acercarse y alcanzar el instante climático. ¿Con qué se van quedando las partes al vivir y compartir emociones de pareja, antes de solidificarla o romperla? “Insieme” y “Súbito” sí hacen concebible su ubicación callejera. Hay una dureza y un ánimo retador que bien reclaman esa espacialidad. Especialmente a la primera coreografía le viene bien, convence, esa presencia no dancística, urbana; fuera de El Jacalón los intérpretes serían cualquier viandante, aunque la gestualidad de las bailarinas ofrece una proyección que con la ejercitación seguramente habrá de convertirse en un recurso particular de sus lenguajes. Hay en esta trama una vitalidad no totalmente desfogada, apenas inicialmente desahogada, transmitiendo la sensación de una posibilidad sin fin: lo que se acaba es el tiempo, no la posibilidad de llenarlo, así sea con la contrariedad hasta partirle su mandarina. Hay en “Insieme” un aquí seguimos, a ver quién se cansa primero del que los espectadores ya no nos enteramos. Al contrario, en “Súbito” es más claramente advertible un inicio y un final. No es que “Insieme” carezca de éste, sino que no lo necesita ni demanda. rupturas4 

Siendo una pareja la intérprete de “Súbito” llama la atención la aparente irrelevancia de la diferencia de géneros, particularmente en las confrontaciones violentas, pues la motivación para éstas no se explicaría o entendería si en la trama no fueran él y ella atraídos uno hacia la otra, así sea para definir quién aguanta o infiere más mal trato. Es decir, una contemporaneidad en todo su realismo… uno tal que quizá en la calle provocaría la intervención de la fuerza pública. Chispas, ya caí en la fantasía y el romanticismo. Ya sabemos que dónde hay jaleo es donde menos se aparece un genízaro, no se diga dos.

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