Desempatados

Jueves, 02 de Marzo de 2017 00:00 Oscar Salas ECLÉCTICA - El Espectador
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Desempatados

¿Cuánta experiencia de vida es necesaria y suficiente para darle hondura a un personaje que permanece proyectado más allá del pináculo de su genialidad imperecedera, flotando en la mitología que propició, alentó y continúa en constante enriquecimiento? ¿Cuánto estudio y análisis de época y contexto precisa, o es de deseable pertinencia, la construcción de un personaje tan identificado en uno propio al grado de darle una personal definición?

Al presenciar el martes 23 de febrero “Dalí, divino genio…” en La Cartelera, vinieron a mi mente los impagables aciertos de dirección escénica de Pamela Jiménez Draguicevic, no sin extrañeza. Este plausible desempeño incluye el tino de empatar intérpretes con personajes, y viceversa. Ella como actriz permanece imborrable como la jovencita ilusionada con el amor en “La canción de Gershwin”, sin que ésta agote el recuento de sus aciertos interpretativos no pocas veces camaleónicos. desempatados1

La puesta en escena de la adaptación también firmada por Pablo Alejandro Cabral a la dramaturgia de Guiomar Cantú: “Salvador Dalí divino genio ácido desoxirribonucléico atómico” origina mis interrogaciones iniciales y los recuerdos apenas anotados porque “Dalí, divino genio…” no empata con los antecedentes que guardo.

La trayectoria actoral de los jóvenes intérpretes es corta, no así sus calidades y cualidades. Es más, sería apuesta segura que, a la fecha, sus mejores desempeños han sido universitarios y como tales se validarían aún más allá de este ámbito. La monumental actoralidad de Franco Vega, con medio siglo de trayectoria, adquiere dimensiones protagónicas en perjuicio de los personajes que, por el título dramatúrgico, ocuparían tal sitio. Pero el reparto no nada más adolece de este desbalance, sino que los intérpretes de Dalí, Gala y Lorca no están en personaje, por más difuso e inatrapable que sea este concepto, si lo es. El loco genial y genio loco, poco lo vi loco y poco lo vi genial, menos en la simultaneidad de la situación, aunque mucho convence al final extinguiéndose cual vela. Y es que, para colmo, en esa duplicidad quizá debería convencernos, o dejarnos ver, a un cuerdo que se divierte y se complace divirtiendo al jugar de estrafalario con una prestancia y un desenfado que haría parecer harapiento el petulante de Yves Saint Laurant. desempatados2

Lorca apenas lo empata en contemporaneidad pero, desde su campo, adolece de lo mismo: no el genio autor de poesía, sino la encarnación de ésta. Si la personalidad artística del personaje es imperceptible (para colmo el intérprete tropieza un par de veces en la lectura de versos), no así su vida mundana: el momento romántico de intimidad con el artista plástico muy bien llevado y contenido, mantiene en atinada tirantez la expectación. Gala nunca ocupa el centro del sistema planetario que hace rotar, circunvolar, detenerse y regresar al astro sin par que también es el Primer Marqués de Pujol. La musa no hace respirar, vivir y crear al pintor: él sin ella no es, y viceversa. Gala no aparece como agente vibrador. (Sin ninguna interpretación pornográfica, por favor.)

Recorrer linealmente una vida tan pródiga, prolongada y próxima de una personalidad que dejó su marca, en una época que tantos marcaron tanto, seguramente demanda y requiere empatar muchos asegunes, y se nota.

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