A cada quien su cuenta y su tramo

Jueves, 27 de Julio de 2017 00:00 Oscar Salas ECLÉCTICA - El Espectador
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A cada quien su cuenta y su tramo

Determinados y definidos como las piezas del ajedrez, así, sin lugar a desatinos, podemos dar el requiescat in pace (RIP) al libre albedrío. Es una de las líneas de interpretación de “Coloquio nocturno”, que podemos dar siguiendo la adaptación libre de Leonardo Cabrera de la obra del autor suizo Friederich Dürrenmatt, y que Mandorla Teatro presenta en la sala ‘Cristo’ (gulp por el cristianismo) del Museo de la Ciudad de Querétaro. Este entendimiento nos es posible al ver a los personajes desnudos, enfrentados en el tablero. Quién sabe si tal desnudez la debamos entender como la condición primaria del determinismo apuntado. El caso es que este status, o condición, resulta deducible a posteriori con la confesión-declaración del convicto ante un interrogador, que equivocadamente podemos tomar por un profesional del comportamiento tanteando la reinserción social del interrogado. Este sujeto se describe y se explica a sí mismo naturalmente dotado para el asesinato, y dado su acierto y eficiencia procuró el perfeccionamiento de su desempeño, por ejemplo, la suavidad y la máxima limpieza, con la más mínima presencia, o total ausencia, de sangre y la menor incomodidad para la persona ejecutada. La primera recipiendaria de tal exquisitez ejecutoria fue su madre a quien liberó de las congojas y padecimientos que tanto la minaban y atribulaban. Claro que aquí cabe recordar que ‘nadie se ha ido y ha regresado´ para participarle a uno si se pasa a mejor vida, incluso a la libertad. coloquio1

El presidiario, no obstante sus progresos perfeccionistas, reconoce como otro aprendizaje la falta de humildad que redundó en la situación en que lo encuentra su interlocutor. Respondió a una bravata, intervino, o protagonizó, una bravuconada y fue aprendido: confeso del apuñalamiento propinado, y recluido. Así vamos viendo con cuanto esmero el asesino se aplica en sus cualidades, que por otra parte no lo separan gran cosa de la cadena asesina de la cual es un eslabón más, es decir, otro asesino ha de hacer con él lo conducente sin dejar memoria que lo trascienda.

Con la serena racionalidad que lo caracteriza, el verdugo es consciente y reconoce que a través de su exacto desempeño y cumplimiento de su encomienda eliminadora de personas non gratas no alcanzará ninguna trascendencia, que es el caso contrario el de su víctima inmediata pues ha dejado escrita su rebeldía, reclamo y reprobación de las injusticias que maquinan quienes se hacen del poder para el propio beneficio y sus rémoras, así como de las infamias y las repulsas que le han infringido. El ajusticiado programado subraya la identificación de vestuario que guarda su inmediato verdugo con el portado por las personalidades en el impune ejercicio del poder, y éste concede que su indumentaria de saco y corbata en tono oscuro correspondería corporativamente a esa categoría relevante e influyente. coloquio2

Atrapado en la contrastación de personalidades: la ansiedad frente a la serenidad, la impotente exasperación frente a la absoluta seguridad en la capacidad y fuerza liquidadora de personas; en la certeza del debido aprovechamiento de la realidad teatral para que el experimentado y perfeccionista asesino incluya en su palmarés al atolondrado y confundido trabajador de la escritura, cae muy bien en la trama una vuelta de tuerca: la próxima víctima dio vida a su inmediato verdugo. Aquel entrevistador del presidiario hacía un trabajo periodístico que fue leído por un cazador y/o buscador de talento. El caso ha sido que su habilidad, una vez publicada, fue conocida por quien en las alturas del poder necesitaba una pieza con esas cualidades en su tablero y la compró: la libertad a cambio de desempeño criminal.

La alusión a la oscuridad en la interlocución más funciona como narratología manejada con oportuno tino escénico que como posible diálogo. No supe derivar significación de las hojas de periódicos como delimitantes del espacio escénico. Prevenido por L. Cabrera del aburrimiento que me aguardaba solo lamento la acústica tan poco favorecedora para una obra tan discursiva.

 

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