Los retozos entre Cristo y Buda; María y Elena

Jueves, 21 de Junio de 2018 00:00 Oscar Salas ECLÉCTICA - El Espectador
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Los retozos entre Cristo y Buda; María y Elena

¿Hacia dónde zarpará esa nave, pues con sendas proas o popas, lo mismo se acercará o alejará? ¿O con su dirección cenital trasgredirá la gravedad con sus tres picos, quizá inspirados en una piñata con forma de estrella? ¿O a semejanza del aeroplano del piloto interpelado en el desierto por El Principito, permanecerá firmemente en tierra, o en el patio del Mesón de los Cómicos de la Legua, y será tomada por pirámide? ¿Su ascenso será de imploración o adoración? Cada hueco o ventana llevará a una aventura o hallazgo diferente. ¿Qué aguas agitarán su rumbo o provocarán su deriva? En todo esto ¿qué papel tienen los ixtles, pues los amarres de la estructura construida con gruesos palos de madera, a la vista están hechos con cuerdas de mecate? ixtles1

Su condición de planta o fibra vegetal en esta puesta en escena poco o nada importa, “Los ixtles” no tan solo es la adaptación dramática del cuento de la autora poblana Elena Garro “El día que fuimos perros” por parte de Guadalupe Pizano López, sino también un lugar apacible, según dice inicialmente un narrador, sitio donde más allá de la cotidiana convivencia de los lugareños, nada sucede a no ser fantasías infantiles e interrelaciones lúdicas, sin atención a las edades de los participantes, interrumpidas por los llamados maternos, sean o no de las respectivas mamás, para sentarse a la mesa o meterse a la cama.

Se constata y adivina una puntillosa minuciosidad en la dirección escénica, desde el color de los calzones a utilizar debajo del vestido-blusón de los personajes niñas y de los listones de las trenzas o cola de caballo, hasta el movimiento serpeante del cuerpo escalando la pirámide de irregulares escalones/travesaños y el meneo de la cabeza calzada con sombrero de anchísima ala para dejar caer/esparcir pétalos de cempaxúchitl. En el trazo escénico desde la situación y composición de los cuerpos en reposo hasta el movimiento individual estrambótico al momento del juego/persecución del juego infantil de adultos y niñas. En la selección del vestuario que reforzaría la raigambre vernácula garriana lo mismo que la autenticidad originaria de Los Ixtles como sitio no atravesado por una impersonalidad urbana/preservado de cosmopolitismo, sin embargo sin que se advierta empeño costumbrista. La adaptación de Pizano López bordea el realismo mágico sin dar traspié ni caer en la ficción ni la fabulación con más de una línea narrativa, cada una con un decir propio sin interferirse ni interrumpirse unas con otras. Bien retozan y se escabullen Cristo y Buda recordándonos el juego de Bote Pateado sin que sus místicos y beatíficos nombres presumiblemente adversos y confrontados redunden en tarascazo artero alguno, menos trapero. La recreación artesanal canina es para medalla de oro en cuanto a la creatividad y maestría con mimbre. ixtles2

Tan solo por la vida que tiene la Muerte, la vivacidad infantil de Eva y Leli con sus compañeros de juego Cristo y Buda, y las bien ejecutadas e interpretadas intervenciones musicales con diversidad de géneros ricos en contagio emocional, cuya sonoridad no es apoyada con ningún recurso electrónico, el cuento de Garro resulta más un pretexto inspiracional que una adaptación y/o traslación escénica. El trasfondo reprobatorio del belicismo humano está muy rebasado por la adaptadora y directora con una metatextualidad de fina y sutil hondura.

La existencia aislada/cautiva/segregada/incomunicada de esta comunidad o conjunto humano tiene una coherencia extraña, con una temporalidad despreocupada de una continuidad cronológica, sin dejar de atender un avanzar, más que progresión, de la trama hacia la finalidad de desembocar en un cuestionamiento reflexivo del propio desempeño individual, donde no abunda la carencia de hipocresía, y la postura en que uno se ha instalado con relación al entorno como si éste no estuviera afectado por tal ánimo y actitud.

El cuento en sí, como en otros de Elena Garro, el juego infantil es una visión de la realidad diferente a la adulta. Con una deconstrucción de la temporalidad, y en caso necesario también de la geografía, en el mundo infantil las realidades se intercambian sin ruptura, en constantes aperturas a espacios diferentes. ixtles3

Eva y Leli quedan solas en su casa al cuidado de los criados, porque sus padres y hermanos se fueron a México. En la ausencia de los padres, su imaginación da vida a diferentes objetos. Salen al jardín, donde encuentran al perro Toni y deciden jugar a volverse perros. Leli toma por nombre "Cristo" y Eva el de "Buda". Comiendo junto a Toni cuestionan el vegetarianismo y dudan del propio; oyen ruido en la calle que creen el de un cohete y salen corriendo. Toni, atado, no puede seguirlas. En la calle ven a dos hombres peleándose con pistolas y cuchillos. Al final uno mata al otro. La policía se lleva al asesino y deja el cuerpo del asesinado. Las nenas se quedan mirándolo toda la tarde; horas más tarde Rutilio las encuentra y se las lleva a la casa, les da de cenar y las mete en la cama. Pero no pueden dormir, la vista del incidente mortal las ha dejado asustadas. Para protegerse insisten en ser perros, pero después de ver el crimen ya no son las mismas. Han descubierto que el cielo de los humanos no es el mismo que el de los perros, porque no comparten la posibilidad del crimen.

 

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