Muestreando

Jueves, 16 de Agosto de 2018 00:00 Oscar Salas ECLÉCTICA - El Espectador
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Muestreando

Por la coincidencia calendárica, seguramente imprevisible o inevitable, la Muestra Estatal de Teatro, de la Secretaría de Cultura de Querétaro, más que el Encuentro para Generar Reencuentros, de la Facultad de Bellas Artes, celebra, inicialmente, las diez generaciones de artistas teatrales egresadas de la Universidad Autónoma de Querétaro hasta junio de 2018.

La MET arrancó el sábado 11 de agosto con un programa de quince puestas en escena en tres diferentes espacios utilizados mayormente para las representaciones teatrales. En ellas han de estar presentes por lo menos treinta y cuatro artistas egresados de la institución universitaria. Ocho de los quince grupos artísticos han sido fundados y respiran con el impulso y el aliento de los mismos egresados, que han respondido a la convocatoria para concursar por la representación de la entidad abajeña en la Muestra Nacional de Teatro.

Qué hay de nuevo y cómo se ve “Necrópolis Cabaret” en El Jacalón ya daré cuenta, posiblemente, cuando termine su segundo y último fin de semana programado en la cartelera celebratoria que se prolongará hasta diciembre... por lo pronto. descalzos1

Uno de los dos trabajos que deseaba conocer inauguró, a las 16:00 horas, la MET, previo cansado retraso, en el foro del Museo de la Ciudad, con una organizada demanda, felizmente sin palabrería inauguratoria que dicha a principios sexenales, ni al caso volverla a escuchar por su escasa correspondencia con los hechos y enorme coincidencia con la obviedad de Perogrullo.

Por una sinopsis promocional radiofónica que dejaba entrever afán formativo y/o normativo le daba la vuelta a conocer “Id descalzos”, pero Atabal Creación Artística, A.C. se cuece aparte. La primera de las cinco jornadas diarias me pareció adecuadamente programada mandando por delante la obra de Sergio Aguirre, por ser la de mayor hondura en la construcción de su intencionalidad: la importancia de los hechos escénicos es la lectura derivable de la atención que pongamos en el desarrollo, tanto de las acciones, los cambios de situaciones y contextos, como de los parlamentos concomitantes. Es decir, se requiere del espectador más que la contemplación y la recepción, su complicidad participativa.

Para bien y mal mi previsión no estaba equivocada. Muy pronto en la duración de setenta y cinco minutos es posible caer en la cuenta por dónde va o cuál es el ‘mensaje’. Tras el cuestionamiento del sonido de las nueces al caer y una vez cascadas teniendo en cuenta su corazón, podemos adivinar la intencionalidad del texto: cuánto nos perdemos a nosotros mismos progresando tecnológicamente, cuánto ésta nos rige y gobierna, cuánto perdemos al no armonizarnos vitalmente con la naturaleza. Todas las cualidades y aciertos artísticos de la puesta en escena no resisten finalmente el desgaste impuesto por la obvia intencionalidad admonitoria del texto. Ciertamente los andrajos, o la simpleza del diseño del vestuario un tanto desaliñado así lo sugiere, no son imperativo para el contacto o apego a la naturaleza impoluta y la prodigalidad de sus bondades, pero la otra opción en la inmaculada situación primitiva, o desapego a la formalidad del vestuario, sería la desnudez, como nos presentan ambientados a los dioses y semidioses del Olimpo, tampoco se trata de acompañar a Tarzán, el señor de la jungla, porque seguramente la deriva del entendimiento menos empataría la interpretación con la trama. Convencionalmente podemos manejar este vestuario con la despreocupación por la moda y sus códigos de pertinencia y oportunidad, máxime cuando a su debido momento sirve a la contrastación urbana y citadina. descalzos2

El ritmo, la narración, la coreografía, la recreación silente de la naturaleza, con su naturalidad sonora construyen una densidad pertinente, pero que bordea el fastidio, el tedio o la aburrición, tanto que algunos espectadores optaron por retirarse. Me pareció que el espectador a mi lado, teatrero muy avezado, por momentos no lograba que el cabeceo interrumpiera su propósito de atención. Quizá ellos se identificarían con el espectador que exclamó en corrillo después de la función: Después de captar el mensaje me preguntaba ¿y esto cuándo se acaba? Me pareció que al autor se le olvidó, o se le pasó dónde meter debidamente el final, concluyó de quien retuve su comentario que no atino a refutar, no obstante las cualidades apuntadas. Concluiría que los artistas escénicos, ‘los atabales’, le dan más al texto del esfuerzo que merecería para estar en el foro, con el tino y creatividad de Sandra Muñoz. Si bien cerca de la terminación, casi anunciando un desenlace, la trama se acerca a una vuelta de tuerca cuando la forzada a la vida citadina, Teire, pregunta, atemorizada, por el dicho o mensaje de una carta de la que le es comunicada una única palabra: Positivo. En el filo del asiento cabe preguntarse inmediatamente: ¿Embarazo?, ¿contagio venéreo? Cualquier consecuencia, su remedio es el regreso al origen a la sencillez de la armonía con la naturaleza, el abandono, la huida de la congestión impersonal, absorbente y anodina de la prosperidad construida con la tecnocracia. Todo esto es resumido en el vocativo: “Id descalzos”. Pero después de este regreso todavía hay más trama que reitera y reafirma el ‘mensaje’ con qué inició. descalzos3

Por su totalidad teatral, entreveramiento de tramas y juego de temporalidades, y variedad de recursos expresivos, con “Narciso” Querétaro estaría atinadamente representado en su actualidad artística escénica en la Muestra Nacional de Teatro. (http://www.raza.com.mx/eclectica/el-espectador/4738-condenacion-amorosa) Si el jurado distinguiera actuaciones individuales, apostaría por los desempeños de Mauricio Figueroa en “El cielo en la piel”, y Harlem Tapia en “Hikari”. Ambos, con una muy convincente sinceridad asumen la personalidad de sus personajes. El primero espanta y estruja con la cínica maldad con que acomete su criminalidad. La segunda da el género cambiado de su personaje, no tan solo desapareciendo como intérprete, sino provocando confusión al cruzar la imagen de uno con el sentimiento y comportamiento propios del otro.

Entrando en generalidades no estaría demás que los participantes tuvieran presente el objetivo de la MET al momento deseleccionar sus propuestas, pues por su intrascendencia temática, su carencia de originalidad en el tratamiento del texto, algunas participaciones cabrían muy bien en otros eventos y circunstancias. Aunque desconozco el proceso de programación. 

(Cierro esta nota el martes 14 de agosto, sin haber visto “Mundo hñañho”, “Nos volvimos búfalos”, “Monstruos mexicanos”, “Círculo vicioso de un cuarteto amoroso” ─que veré en su oportunidad─, “Twenty seven” y “Decadente chou”, aunque conozco los trabajos de varios de los artistas involucrados.)

 

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