Domestiquez

Jueves, 26 de Septiembre de 2019 00:00 Oscar Salas ECLÉCTICA - El Espectador
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Me sugerían inspiradas en los Power Rangers y en los Chicos Malos –siempre derrotados y sometidos por Mickey Mouse– las imágenes que vi en torno a un montaje de “Fuenteovejuna”, de Lope de Vega, mismas que sinteticé como una caricaturización ‘contemporánea’ de una trama de época acaecida en el siglo XV, proceder del que no suelo ser partidario, más por la preferencia de la recreación de época que por el rechazo a una contemporización, pero de ésta a una chocarrería: tache total para la puesta en escena firmada, in situ, es decir, dirigida en Querétaro por el director catalán, Ricard Soler i Mallol, con dramaturgia de Anna Maria Ricart.

Con este prejuicio montado en una suposición y el ánimo de conocer el NUEVO SÓTANO, el sábado 21 de septiembre decidí despejar mi desconocimiento, con muy gratos resultados, que para algo sirve el prestigio de los premios, de los cuales Víctor E. Sasia Farías a la fecha quizá suma, o ha estado inmiscuido en tres o cuatro, entre juveniles, universitarios, de dirección o actuación (Su escurridiza modestia en el tema dificulta la cuenta y la materia.), artista a quien más he seguido de los seis que integran el elenco del susodicho trabajo escénico. fuente1

Sin recreación visual de época, la remisión geográfica o ambientación hispana es lograda de manera sonora mediante la música y el tono del canto. También la métrica de los parlamentos atenta al verso incide en el mismo efecto, no obstante la inserción o alusión del suceder popular. Inicia la representación, tras la presentación de los personajes principales, con la circunstanciación del espectador con una expresión un tanto vaciada de significado a fuerza de repetición inopinada. En este esclarecimiento del nombre es ineludible la metáfora de la borregada como la manada irracional, la multitud manipulada apuntando a la platea descontando a quien le viniera o se pusiera el saco. Esta audacia no poco redunda en el involucramiento de los espectadores muy demandados con una constante ruptura de la cuarta pared.

Ciertamente ‘fuenteovejuna’ suele figurar en el decir popular en relación al anonimato en la muchedumbre de un atrevimiento que requiere entereza y valentía, pasando de ahí al delinquir sin consecuencias, y con acrecentado cinismo, sin culpas, hasta derivarse en ingeniosas y rebuscadas justificaciones etiquetadas actualmente como ‘resentimiento social’, aunque el atacado o lo atacado poco o nada resuelva la condición padecida, acusada y repudiada. (Esta apelación de marisabidilla suele suceder con las citas y repeticiones de la expresión ‘Ser o no ser’, de la tragedia shakespeareana de “Hamlet”; o la inexistente respuesta del Caballero de la triste Figura dada por los inexistentes ladridos: ‘Vamos andando Sancho’.) Por lo anterior el tino del esclarecimiento y precisión del abordaje presentado por R. Soler i Mallol. Pero meritoria mayormente la teatral audacia provocativa y sonsacadora con el público, incomodar cara a cara su aletargamiento y pasividad; la demolición de tal impasibilidad amorfa con la individualización mediante otras ovejas, las somníferas y su cuenta inútil por las diferenciadas conciencias y personales tranquilidades o remordimientos, y de aquí el paso a la propia reafirmación o reprobación y restauración. Una narración y un aleccionamiento muy creativo e inteligente sin salirse propiamente de la obra de Lope de Vega en cuanto a acusación y enderezamiento. fuente2

Pasada la etapa o proceso de encuadramiento del espectador con la perspectiva de Obskené (Compañía artística catalana.) acerca de las ‘ovejas domésticas’, vemos o conocemos propiamente la trama de “Fuenteovejuna” con la avasallante intensidad orgánica, por momentos una sublevante hipersensibilidad, de Fátima Saavedra como Laurencia, bravísima y enardecida chicuela que insta y reclama la sublevación por la dignidad y la honra de la colectividad; Barukh Pulido como Frondoso, el enamorado deshonrado que nos mantiene en vilo con su ballesta apuntando al violador Fernán Gómez de Guzmán, servidor bienvisto por el rey; León Felipe como El comendador, execrable y desollable lascivo tirano; Juan del Ángel como Flores y Ortuño, exasperantemente servil y literal lamebotas del Comendador; Fernando Rabell Mandujano como Esteban, el infeliz padre de la mancillada y blandengue alcaide de Fuenteovejuna; Verónica Carranco como Pascuala y una regidora muy corajuda y ‘echaá pa´lante’, muy acorde con la teatrera celayense afincadísima en Querétaro, así en las antípodas del personaje del madrileño; y Víctor E. Sasia F. como Mengo, personaje un tanto ‘cool’, desafanado e ‘easy going’.

Paradójicamente “Fuenteovejuna, breve tratado sobre las ovejas domésticas” ha representado al teatro queretano en los niveles estatal, regional y nacional cuando poco existe precisamente el proceder que en su trama propugna e incluso reclama, sin descartar individualidades que más resultan quijotadas que incurren felizmente en la persistencia.

En cuanto al NUEVO SÓTANO, rabiosa quijotada, seguramente le irá muy bien con la reposición, durante octubre, de su divertidísimo montaje de “Clotilde en su casa”, del dramaturgo guanajuatense Jorge Ibargüengoitia, parodia del cornudo y pretexto carranquesco para darle vuelo con graciosa y filosa levítica puntería a la queretanidad.

 

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