La mala buena conducta y viceversa

Jueves, 10 de Octubre de 2019 00:00 Oscar Salas ECLÉCTICA - El Espectador
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La mala buena conducta y viceversa

La sordidez está dada esencialmente con la palabra, la enérgica y vigorosa organicidad resultaría complementaria, y el resultado es brutalmente revulsivo. Con la capacidad vocal de la que atinadamente hace gala Christian Ferreira seguramente mucho impactaría a un posible radioescucha mediante diferentes modulaciones para darnos, por lo menos, un narrador denunciador-acusador-cuestionador, un delincuente en proceso formativo y desempeño criminal, y una situación infantil; además de un momento galante vivido por una pareja juvenil que culmina con un homicidio por una regla elemental del secuestro: ella identifica inocentemente a su insospechado raptor llamándolo por su nombre.

Desde el título “El kame hame ha”nos va señalando una construcción de un comportamiento criminal, por lo menos el masculino, en un segmento de la actual sociedad mexicana. Condición importantísima, quizá sine qua non es la posesión de un aparato televisor o por lo menos el acceso a uno, que no es mi caso. A continuación ser seguidor de series como Dragon Ball, según me hizo entender un radioescucha tras le emisión de ‘Espacio Cultural’, en Radio UAQ, el lunes 7 de octubre. Aquí el primer gran señuelo: el mundo manga en occidente ---para el caso entiéndase el-espacio-no-japonés--- está muy mimetizado o identificado con las-caricaturas y éstas con el inocente-entretenimiento para las criaturas. La parafernalia de los personajes de Walt Disney ---Warner Brothers (Bros) no se queda atrás aniñando secuelas de Bugs Bunny o Conejo de la Suerte, de Porky, del gato Silvestre, etcétera--- desde el cunero, si no desde la cuna, hasta por lo menos los primeros grados de la Primaria, pasando por los tres de preescolar, buena cuenta da de este condicionamiento y seducción infantil, que muy bien explica cuánto la programación de la televisión educa más y mejor que muchos programas y sistemas escolares. Mi sobrina-nieta acaba de aprender la orientación arriba-abajo atendiendo en la pantalla a la Ratona Mimí; celebró su segundo aniversario imitándola con un vestido rojo de lunares blancos y similar moñote en la cabeza, para esto dejándose, excepcionalmente, peinar con la raya central muy bien definida. kame1

Un agudo grado de precariedad también es importante para que las criaturas queden expuestas o a expensas de la pantalla encendida sin supervisión adulta, entiéndase, por una parte, aquellos adultos que principalmente pernoctan en sus domicilios viendo la procuración del sustento la mayor parte del tiempo de vigilia. Por otra, los mayores cuya competencia e interés supervisorio es dudoso o nulo, dando por resultado criaturas presenciando programaciones para la preferencia adulta. Peor cuando la presencia adulta, su equivalente o su sustituto es destructivo. Tal es el caso que plantea el dramaturgo mexicano Jaime Chabaud. La primera y muy retirada palabra que escucha el personaje narrado es: ¡Cállate!, tanto que llega a suponer esta expresión su nombre propio. También está expuesta la situación de la criatura a cargo de otra de mayor edad, la suficiente para andar haciendo méritos en la pandilla que constituye su ámbito de relaciones sociales. Uno de tales méritos es la obediencia y así asesina al indefenso con quien había empezado a entablar afecto dado el apego por dependencia. A pesar del forjamiento de la insensibilidad emocional a prueba de cualquier conmiseración que no sea la preservación del propio pellejo, existe un acendrado odio hacia el padre por las golpizas propinadas a la madre; celebra la mala vida que lleva encarcelado y no descarta la oportunidad de empeorarla. Otros episodios glorifican o por lo dan valoración social a la sangre fría y la carencia de escrúpulos para la práctica de la violencia, y cuánto aprecio existe para su ejercicio en plena impunidad ética y legal. Toda una perla para criminólogos, antropólogos y psicólogos sociales. Para quienes además estaría la construcción de una masculinidad con suficientes asegunes para enriquecer análisis y tesis. Notables en este trabajo unipersonal la creación, con una camisetita, de un chavito; también de una pareja, él y ella, de jovenzuelos en escarceo de acercamiento romántico; sin descontar las patadas que parten la oscuridad sin que la velocidad del vuelo alcance para alterarla. Una muy plausible dirección firmada por Dalia Gutiérrez y Camila Moya al mantenerse en una narración provocativa.

Pero si “El kame hame ha” es un muestrario de conductas y condiciones indeseables y reprobables, en el mismo jacalón universitario tenemos la reprobación de la buena conducta marital de “Apenas son las 4”: un marido que hace pasar penas, vergüenzas y humillaciones a su mujer porque ni siquiera la golpea, no llega borracho a tempranas horas de la madrugada, tampoco besuqueado ni apestando a perfume de putas, no tiene inverosímiles excusas truculentas, una salidita, siquiera momentánea o sospechosa de un armario; el muy desconsiderado es un dechado de corrección y fidelidad conyugal, con mínimas y correctas demandas domésticas, plagadas de atentas y cariñosas consideraciones. La exasperada esposa, está a punto del diván: no tiene fechorías ni desfiguros que compartir con sus amigas. En materia de chismes y rumores es una hucha hueca, sin estrenar. kame2

Un acierto en la dirección de Enrique Aguado Chávez está en la contención subyacente donde no tendría que existir, o sea, dentro de la tersura y la cordialidad de unas relaciones matrimoniales nada confrontadas, a pesar de los empeños, absurdamente contradictorios de ella en ser traicionada; para la preservación conyugal Eulalia espera, casi insta, actos reprobables para la concordia doméstica por parte de Romualdo, sin embargo éste es totalmente renuente e incompetente, no obstante la orientación de ella. Buscar la preservación de la cordialidad amoroso-hogareña contrariándola indeseablemente: ¡vaya oxímoronismo! En este absurdo, planteado por el dramaturgo Tomás Urtusástegui, ya hilarante como tal, acrecienta la jocosidad el tono fársico de su abordaje, similar al visto en “La furia entre Ernesto y Ernestina”, traducción del mismo autor mexicano.

Le hace ruido a este simpático y gracioso oxímoron la apariencia de ‘muchacho’ de Romualdo cuando los actos, las circunstancias y sobre todo la voz corresponden a ‘un señor’: es un distractor que definitivamente disturba y estorba. La mima de Enrique Aguado Chávez y Claudia Cervantes mucho palía esta distracción.

 

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