Invitación Incomprensible

Jueves, 09 de Enero de 2020 00:00 Oscar Salas ECLÉCTICA - El Espectador
Imprimir

Invitación Incomprensible

¿Qué sabía el público que ni la curiosidad lo llevó al foro de usos múltiples del Museo de la Ciudad de Querétaro el martes 10 de diciembre, segunda fecha de las funciones del VI Encuentro Imaginartes 2019? En las más de veinte sillas dispuestas en el patio donde vivió largamente un gigantesco y frondoso laurel de la India, tres personas aguardábamos la hora de la función: 20:30. El nombre de quien se presentaba era ampliamente desconocido: nunca escuchado —contrariamente a los cinco de los seis títulos y grupos restantes anunciados en el programa general—, ¿era una persona o grupo?, ¿hombre, mujer o mixto? “Memorias de un corazón” ¿es traducción de Zikrayat Qalb o subtítulo? La Compañía Rakassah ¿qué hace, qué ha hecho?, ¿A qué idioma pertenece su nombre? La espera no atrajo más espectadores, finalmente ingresamos quizá una decena de personas, mayoritaria, si no es que totalmente hombres. rakassah1

La función fue de danza, la que común y memorialmente aprendí a conocer, a través de las películas, como árabe, después como oriental —mi papá les decía ombliguistas—, y finalmente de vientre. En México Olga Breeskin puso el género en primer plano: el meneíto de su esculpido violín, y unas caderas de enorme bascularidad, superaban la armonía del arco en las cuerdas. Toda la anatomía de la violinista-bailarina siempre descalza era un espectáculo; la espectacularidad de sus sinuosas curvas y esfericidades de senos apretujados y glúteos, sin descartar un atractivo rostro muy bien realzado con maquillaje y enmarcado con ondulante cabellera llenó páginas y páginas de periódicos y revistas, y capturó televidentes sin cuenta; además de las personas que la admiraron fantasiosamente en escenarios cabareteros y centros nocturnos. Aquella exuberancia se antoja tan inalcanzable que difícilmente sería inspiracional. En un galerón, antecedente del Auditorio Josefa Ortiz de Domínguez, se bajó del escenario, intentó departir con el público, maliciosamente con los asistentes: ─¡Señor, míreme a la cara!─, inclinada en escuadra le reclamó bromista a un espectador que tenía atrapada la mirada en su busto enjaezado con lentejuela, a punto de reventar las copitas que lo contenían mínimamente. Cuando le preguntó si la acompañante era su esposa, la risa general de los cercanos resultó delatora. La violinista dirigió una sonrisa cómplice a la persona aludida y se retiró sobre las puntas de los pies; el contoneo lo acentuó en los escalones hacia el entarimado; a medio ascenso giró hacia el público forzando la estrechez de su breve cintura: ─Una pregunta inocentemente─, la sugerencia fálica con el micrófono era claramente ilustrativa, envuelto en rojo cardenal en sus labios rojo cereza. La satisfacción de su diablura parecía indudable; el dominio de la escena y las circunstancias total. rakassah2

Dos apariciones de una bailarina de Rakassah suscitaron los afanes de un espectador con la cámara de su móvil. Fue la más sinuosa, animosa y rumbosa, proyectó un contento escénico con una actuación variada en sendas apariciones; indudablemente fue la que presentó mejor desarrollo corporal y dedicación técnica, además de lucidor vestuario.

También hubo momentos de sorpresa y espectacularidad con abanicos; equilibrismo-malabarismo; y manejo de luenguísima y lacia cabellera, diríase danza capilar. La exhibición de vientres fue amplia sin mayor razón ni justificación… con dudoso entrenamiento o aplicación en el mismo, y menos gracia.

La falta de abrigo y apoyo escenográfico aunado al mínimo de pasos y movimientos en más de la mitad de las catorce danzas, o sea, la carencia de recursos para estar y permanecer en escena; y un par de expresiones con el encanto de estarse desprendiendo de la adolescencia me hicieron recordar aquella infame tonadilla, perla mercantil de total carencia de escrúpulos: “Mesa que más aplauda le mando a la niña”.

En un programa de funciones teatrales tan plausibles, la inclusión de la Compañía Rakassah me resultó muy incomprensible en el VI Encuentro Imaginartes 2019.

 

Commentarios:

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar