Lo suficiente y necesario

Jueves, 05 de Marzo de 2020 00:00 Oscar Salas ECLÉCTICA - El Espectador
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Lo suficiente y necesario

Dramatizar el enamoramiento juvenil, con sus escarceos, sus suposiciones, sus alejamientos, sus reconvenciones, malentendidos, incomprensiones, equivocaciones, rompimientos, in y exculpamientos, reconciliaciones; caricias y arrumacos intensos, inopinados, suele habitar los pinitos creativos de quienes no encuentran satisfacción en una biblioteca inabarcable sobre el tema. Diríase que tal autoría es connatural al asomo a la vida, o más bien parte de éste: la inquietud por probarse, sentir que una trama propia fluye, vive, incluso absteniéndose de estar en ella; sin excluir, frecuentemente, la dirección escénica. Durante febrero de 2020 ha retomado su turno Marai Salinas con “Maldita dulzura”, presentando la segunda temporada ahora en El Jacalón de la FBA-UAQ. dulzura1

Consignada esta reincidencia cíclica en una integrante de la promoción que este junio-julio de 2020 egresará, o desocupará las aulas que ha habitado durante los últimos cuatro años, advertí que el trazo escénico, pero sobre todo el tono y la dirección de los parlamentos del joven personaje masculino, además de la construcción de estos, nos informa que nos vamos a enterar de la trama a partir del final. ¿Se dirige a ella en ausencia? ¿Debemos suponer que la encara expresándole su sentir en cuanto a sus relaciones? Contribuye a este entendimiento la localización de ella en una mesa desierta envuelta en la sombra bajo una iluminación mortecina; su corporeidad proyecta cierto decaimiento anímico y talante impaciente e incómodo. Su organicidad es de disgusto, con los intentos agotados. Un arranque exigente teniendo en cuenta el inicio climático, o sea, no hay un fluir con un crescendo, no hay un tránsito temático en tensión creciente; durante la función conocemos en desarrollo que desemboca en el desenlace conocido anticipadamente. Viene bien, cae bien, tanta expresión explícita con tanta brevedad de tiempo y recursos. En respaldo de esta concisión cabe apuntar una concentración unitaria, visualmente las presencias de él y ella empatan tanto como sus caracterizaciones reforzando la verosimilitud de sus relaciones, igualmente su contención, su mesura para bordear el melodramatismo. Ella y Él, sin nombres, son cualquier pareja o todas las parejas jóvenes con intenciones o en vías de emparejamiento, debatiéndose entre las conveniencias del compromiso sin aparcar las del no-compromiso, esa otra bienamada: la libertad.

El respaldo y la reiteración temática musical no deja de provocar la desatención de la representación para atender la trama trovada. Al final, como reafirmación y resumen de la narración escénica presenciada le da una grata suavidad a la salida o desconexión de la escenificación. Se agradece prescindir de la manida diferenciación económico-social entre él y ella como factor melodramático?

 

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