La necesidad del problema

Jueves, 10 de Octubre de 2013 00:00 Oscar Salas ECLÉCTICA - El Espectador
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La necesidad del problema

La necesidad del problemaLa gracia y la creatividad de la puesta en escena de Una terapia sin causa empiezan con el muy simpático cartel, y queda garantizado el ingenioso y agudo entretenimiento al saber que la produce el grupo Galatsia. Su acierto empieza con la selección de Jorge Maldonado como el psiquiatra Walter Suárez y José Patiño como Gustavo Cattáneo, el paciente. La obra del dramaturgo uruguayo Martín Arellano lleva también, en condición disyuntiva, el título de El paciente imaginario, que fue dejado atinadamente de lado por los artistas queretanos pues no deja de tener ese tufo de antigualla que suele acompañar al teatro que solemos conocer como ‘de época’, aludiendo, por ejemplo, al voluminoso vestuario recamado del s XIX para atrás, y al lenguaje ampuloso y rebuscado de vocabulario en desuso.

 

El contraste de caracterizaciones y personalidades refuerza la situación de los personajes en la trama que los reúne. El doctor severo, adusto, metódico, en lo posible distante, por momentos didáctico o ilustrativo, de movimientos casi estudiados y medidos; vestido con tonos oscuros. El paciente muy “easy-going”, relajado, fresco, espontáneo, directo, de llana curiosidad casi infantil trasgresora u omisa de las convenciones; vestido con tonos claros, parece cómodamente ataviado. La contrastación también está presente apenas después del saludo. El paciente trae preconcebida su consulta e intenta indicarle al profesional de la medicina la manera de llevarla.

 

La necesidad del problemaEsta contrastación nunca desaparece, y en ella descansa mucha de la jocosa amenidad de la no-terapia propuesta por M. Arellano, también en la manera como los personajes la viven. El culmen de la contraposición entre Walter y Gustavo llega cuando intercambian personajes: el paciente se ocupa de los sentimientos y emociones que el psiquiatra le confía, entre otros su desvinculada vocación con la psiquiatría, en perjuicio del periodismo al que verdaderamente se declara atraído, pero desviado por supuestas conveniencias económicas.

 

La necesidad del problemaGustavo no tiene problemas, se lleva bien con su mujer, la ama y es amado, mamá-suegra es un encanto, sus relaciones familiares son esplendorosas y vivificantes; con sus compañeros de trabajo vive en total armonía, para su salud no tiene el menor reclamo, sus ingresos son suficientes para no conocer privación alguna. Las reuniones y tertulias con sus amistades transcurren con toda la superficialidad y catarsis de todo evento que se precie como tal… ahí está la carencia y motivo de su asistencia con el especialista: sin problemas que compartir con los demás no tiene tema de conversación y muy pronto se ve aislado, si no es que marginado. ¡Acude al psiquiatra para tener problemas! Por lo menos podría platicar de sus sesiones en el consultorio, le preguntarían cómo se siente, lo verían con recelo: ¿estará en sus cabales?, por fin sería tema de conversación.

 

La necesidad del problemaEl que busca, encuentra, reza el refrán: “Me siento emocionalmente inestable, todo gracias a usted doctor/ Bueno, usted tiene parte de responsabilidad / Vamos, doctor. No sea humilde. El merito es todo suyo. Lo digo de verdad, sin usted nada de este verdadero desastre en que se está convirtiendo mi vida hubiera ocurrido.”

 

A continuación el doctor Walter hará caer a Gustavo en la cuenta del favoritismo que remunerativamente se ejerce en su perjuicio; sale a relucir un padecimiento no terminal como causa de escarnio y vergüenza; y el dejo de discriminación social que priva en su entorno laboral.

 

“Por primera vez me siento confundido. No duermo por las noches pensando por primera vez en la muerte. Me hago preguntas existenciales. Pienso en mi familia sin mí. Siento unos deseos enormes de llorar de rabia, de impotencia y no puedo. Usualmente una persona de mi edad no piensa en la muerte. Pero el momento que atravieso ha dejado impregnado de ese tema mi cabeza.”

 

La necesidad del problemaSin faltar la objetividad irónica a ras de piso, por ejemplo en la funcionalidad religiosa: “En realidad no es que me preocupe estar muerto. Lo que me preocupa realmente es todo el proceso (…) hasta que la (muerte) se haga efectiva. Después de eso no pienso hacerme mala sangre por nada / En realidad no creo en Dios y me siento un poco desamparado de toda contratación espiritual / Vamos doctor, conductismo. Si puede hacer que un tipo que le teme a los aviones se suba a uno en una semana, tiene que lograr que mi alma encuentre una salvación divina en un plazo similar/ El tema es que yo también le temo a los aviones.”

 

La necesidad del problemaUna vez que Gustavo ha conocido los agobios de los problemas, y caído en la cuenta de su existencia principalmente según la percepción que se tenga de las circunstancias, aspira a recorrer el camino en sentido contrario, así como quien voltea hot cakes en un comal: “Quisiera emprender el viaje de retorno / ¿El viaje de retorno? / Un día le pedí algo, usted cumplió. Ahora le pido que me devuelva todo aquello que tenía. Sé que nada existe, que todo fue mi imaginación. Todos mis problemas, mis conflictos fueron creados. (...) Lo mejor es saber dimensionar las cosas y no exagerar la nota cuando no vale la pena. Ya va a llegar el momento para enfrentar problemas de verdad. Cuanto menos me amargue ahora, mejor voy a enfrentarme luego a los asuntos importantes.”

 

La necesidad del problemaPero cuando Gustavo reacude al psiquiatra éste se dispone a dejar de ejercer como tal pues se le ha presentado una oportunidad para desempeñarse en la comunicación, no por méritos sino por relaciones con quien tiene el poder para quitar y poner a su antojo y conveniencia; Walter va a hacer cumplir el refrán: Favor con favor se paga. Cualquier semejanza con la realidad… no es coincidencia.

Lo verosímil de lo inusual y hasta contradictorio como trasfondo crítico cimienta la hilaridad que nos suscita Una terapia sin causa.


“Una terapia sin causa” / Teatrino del Mesón de los Cómicos de la Legua, Guillermo Prieto #7, Centro Histórico de Querétaro / sábados / 19:00 horas / Boleto $100 /  Informes y reservaciones 4421382860 / Todo público

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