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Cotidianidad masacrante

Miércoles, 03 de Mayo de 2017 18:00 Oscar Salas ECLÉCTICA - El Espectador
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Cotidianidad masacrante

Los mamotretos referenciales dan cuenta del dramaturgo Eugène Ionesco con notas y descripciones como las siguientes, además de ubicarlo en los inicios del Teatro del absurdo: a) sus textos destacan la impotencia del lenguaje como recurso comunicativo, y la incapacidad del hombre para controlar el propio destino; b) rechaza el teatro realista tanto como el psicológico; c) apunta su maravillamiento ante la cotidianeidad pequeño-burguesa, la banalidad existencial, el alineamiento fantástico de lugares comunes, un conformismo que renuncia a la humanización mediante su caricaturización; d) destácase el humor negro con prohibiciones y dictámenes doctorales y teatrológicos; e) a semejanza de Molière, combina la farsa con la crítica feroz, esconde las intenciones serias en apariencias cómicas; f) la reconstrucción del caos original pasando por una histeria colectiva sin la ausencia de un fascismo totalitario; g) el autor como tema-revisión de la propia obra, con su hipocondría, sus angustias nerviosas, en una especie de versión negra del “Enfermo imaginario”, que no están ausentes en el montaje de “Juegos de masacre”, sin que éste sea el texto exacto del autor rumano que escribió mayormente en francés, pues el director escénico, Ricardo Leal Velasco, informa en la sinopsis de la obra que echó mano también de “Improvisación del alma”, “Búsqueda intermitente”, “Diarios 1 y 2” por advertirlos en la vertiente o postura de precisamente “Juegos de Masacre”. masacre1

Sin embargo, dada la carta de naturalidad de la que goza el absurdo en nuestra cotidianeidad, poco amerita señalar cuáles son los momentos reflejados en el escenario del auditorio Esperanza Cabrera, aunque advertí alguno de sabor queretano que enriquece el humor que no deja de salpicar el desarrollo de la trama interpretada por los estudiantes del octavo, y último, semestre de la licenciatura en Artes Escénicas, con terminación en Actuación, de la FBA-UAQ. Para no conceptualizar en torno al absurdo y sí substanciarlo con hechos concretos, apuntaré las composturas urbanas realizadas a la calle de Hidalgo y al Jardín Zenea del Centro Histórico de Querétaro ¡que no estaban descompuestos!

¿Entonces estos juegos qué masacran? La ramplonería, el facilismo, el trabajo hecho al aventón, el mero cumplimiento de una etapa burocrático-académica, pues varios de los estudiantes que actúan por última vez como tales ya han demostrado con creces su solvencia y eficacia artística e interpretativa en diferentes puestas en escena presentadas por Arteatral, Compañía Universitaria de Teatro, o en montajes de jóvenes compañías queretanas.

Presenciamos un caos, una alteración de lo establecido, desde la invitación callejera inicial primero en la entrada del auditorio Esperanza Cabrera. En personaje, un tanto lúgubre y apagado, aparece una mujer, debe ser joven pero no lo parece, más bien sugiere una situación de marchitamiento con el rostro empambasado, ojeras y una mirada resignada a la apertura de los ojos. Su vestido color entre vino y ciruela tan simple que podría ser túnica permite la reafirmación del género de la persona. Desde que abrió el enorme portón de madera, de tablones, cargaba un insólito instrumento de aliento, reluciente latón color oro: un barítono. masacre2

No tengo en la memoria la visión de una mujer ocupándose de semejante integrante de la familia de los metales. Uno supone que demanda tal esfuerzo físico que ellas prefieren esquivarlo, quizá no tanto cargarlo, sino por la cantidad de aire a empujar por tan monumental columna abreviada en grandes y pequeñas vueltas. Pero resulta que tal instrumento no es un complemento de su caracterización, no ha salido a pujar a través de la boquilla ni a juguetear a tontas y a locas con los émbolos, ofrece verdaderamente una entonada, aunque breve, interpretación, por lo menos la entrada de una pieza. ¿Habrá ensayado tanto para presentarse en el montaje de su graduación? ¿Qué no bastaba con su demostrada capacidad actoral? Porque creo se trata de Lucero Sinecio Martínez, a quien vi en por lo menos dos montajes presentados por Arteatral, con personajes marcadamente disímbolos, con caracterizaciones y alientos muy plausibles pues, valga la paradoja, desaparece la actriz y nada más queda el personaje, sin que después podamos relacionar una con la otra. La creencia quizá así se quede por carecer de programa de mano. Si bien paréceme el instrumento musical de ejecución más demandante, abundan estas ejecuciones, prevaleciendo las cuerdas rasgadas, en el desarrollo de estos “Juegos de masacre”.

Otra contravención de las formas aceptadas está en las máscaras con su contrahechura gestual, digamos cual carnaval en el Mundo Bizarro de las aventuras de Superman, quizá el más antiguo y longevo integrante de la Legión de Superhéroes del originario tebeo.

La generalidad del vestuario femenino coincide con el antes descrito, diferenciándose por colores pares, o sea, en el conjunto la simplicidad no desaparece. Y sí, abunda el desempeño colectivo muy recargado en la expresividad corporal y gestual con que mucho se sugiere caos y desorden, pero no el desmadre de cada quien a su aliento y ánimo circunstancial. Condiciones y características que muy bien caricaturizan e ironizan la cotidianidad, aún la del microcosmos que pudiera suceder en una colectividad acaudalada en Querétaro con su especial apreciación, y desprecio, de la condición lumpen. masacre3

Vemos pues por parte de los estudiantes del octavo semestre de la licenciatura en Artes Escénicas, con terminación en Actuación, una porción de la inabarcable e inagotable apreciación social e individual del suceder humano por parte de Eugène Ionesco cuyo caleidoscópico inicio arranca a partir del personaje-autor que se sueña soñando que es exigido como autor. Aceptada esta convención onírica cualquier suceder cabe, con la desilusionante confianza, certidumbre y seguridad de que al regresar a la calle cualquier cotidianidad estará a la altura, o superará, toda posible exageración escénica, no obstante el carnaval de más de setenta personajes, incluidos los musicantes, interpretados por diecisiete actores. 

 

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